El tipo de cambio pasó de 17.00 a 18.10 pesos por dólar entre el 31 de agosto y el 30 de septiembre, una depreciación de 6.4% en un mes. El 1 de octubre, la paridad alcanzó un máximo intradía de 18.43 pesos por dólar y, respecto al cierre de agosto, el peso se había depreciado 8.5% frente al dólar.
Aunque el peso llegó a ubicarse en 20.82 pesos por dólar el último día de diciembre de 2024, el punto central ahora no es el nivel alcanzado, sino la velocidad del ajuste. El autor de la columna señala que la reciente depreciación ha sido prácticamente vertical en días recientes.
El fortalecimiento del dólar responde, según la columna, a la expectativa de nuevas alzas en la tasa de referencia de la Reserva Federal. Eso ha revertido posiciones de carry trade, una estrategia en la que se toma financiamiento en una moneda de tasa baja para invertir en otra de mayor rendimiento.
La presión no se limita al peso. También, dice la columna, muchos inversionistas se financiaron en yenes japoneses para invertir en pesos y ahora deben vender activos mexicanos para liquidar ese financiamiento, ante la posibilidad de que la tasa de referencia del Banco de Japón siga subiendo por la presión de un mayor gasto fiscal y una inflación cercana a 2.0% anual.
La combinación de una Fed que sube su tasa y un Banco de México que la mantiene también reduce el diferencial entre ambas, lo que debilita al peso. La propia referencia a que el banco central mexicano «no tendría que reaccionar de manera mecánica» a los ajustes de la tasa de fondos federales sugiere, de acuerdo con la columna, que ese margen podría estrecharse hasta mínimos históricos.
A eso se suma el riesgo de una revisión negativa de la calificación soberana si las agencias calificadoras ven difícil consolidar el déficit fiscal, complicaciones en los pasivos contingentes del Gobierno o un escenario adverso para el T-MEC. En cualquiera de esos casos, la moneda mexicana saldría presionada aun si el dólar no siguiera ganando terreno.
La columna también apunta a factores que podrían bajar la presión sobre la Fed: datos débiles de nómina no agrícola, otros indicadores económicos relevantes, presión en el sector residencial por tasas hipotecarias elevadas y ausencia de contaminación de mayores precios de energía sobre la inflación subyacente. Eso abre la puerta a que el USDMXN regrese por debajo de 18.00 pesos si cae la probabilidad de más alzas en Estados Unidos.
El mensaje de fondo importa para cualquier economía que dependa de capitales globales: cuando el dinero se mueve rápido, la volatilidad castiga la asignación de portafolios y eleva el riesgo país. Capital busca reglas claras. Si la depreciación se acelera, el mercado cobra antes que la política monetaria encuentre equilibrio.