La Bolsa Mercantil de Colombia elevó su previsión de inflación de alimentos para diciembre de 2026 de 5,9% a 6,1% tras el repunte del Índice de Precios Agropecuarios de la BMC en septiembre. El indicador subió 1,72% frente a agosto y llegó a 254,74 puntos.
En lo corrido de 2026, el índice acumula un aumento de 4,72% y una variación de 5,86% en los últimos 12 meses. Entre agosto y septiembre, el 60,6% de las 33 subclases que integran el indicador aumentó de precio. Los números primero: el impulso vino de un conjunto acotado de productos, pero el efecto final se traduce en más presión sobre la mesa de los hogares.
Juan Camilo Suárez, vicepresidente financiero de la BMC, dijo que el repunte no respondió a una escasez extendida. «El IPAP-BMC repuntó en septiembre, aunque no observamos un desabastecimiento generalizado. Las presiones estuvieron concentradas en algunos productos y acompañadas por mayores costos en determinadas cadenas», afirmó.
La papa fue el producto con mayor aporte al aumento mensual del índice, con 0,94 puntos porcentuales. También pesaron las hortalizas, los huevos y la leche. Según la BMC, las condiciones climáticas redujeron la producción de algunas variedades de papa durante septiembre. En hortalizas, la terminación de ciertas cosechas restringió de forma temporal la oferta disponible.
En los huevos, la menor producción en algunas zonas proveedoras y el mayor costo del alimento concentrado incidieron en el precio. Además, la FAO informó que el precio internacional del maíz subió 5,6% en septiembre por menores rendimientos esperados en Estados Unidos y restricciones en la oferta exportable. Ese movimiento encarece el alimento balanceado usado en la producción de huevos.
La BMC también vinculó las presiones con mayores costos locales e internacionales. Identificó condiciones secas en zonas del Caribe y de la región Andina. Los costos de energía, fertilizantes y transporte pueden incidir en la producción y comercialización de alimentos agropecuarios.
El panorama no es menor para un país donde el huevo y la papa tienen un peso diario en el consumo. En Colombia se consume en promedio un huevo al día por persona, equivalente a unas 30 a 31 unidades al mes, según Fenavi. La papa, por su parte, se consume entre 57 y 61 kilos por persona al año, según datos recientes de Fedepapa.
La caída del dólar puede aliviar parte de esas presiones al reducir el valor de los productos e insumos importados por las cadenas agrícola y pecuaria. También podría ayudar la recuperación parcial del abastecimiento y la entrada de nuevas cosechas de papa. Pero Suárez advirtió que el riesgo sigue abierto: «El Niño podría intensificar el déficit hídrico y limitar el riego y las próximas cosechas. Este fenómeno, las nuevas interrupciones logísticas y la volatilidad de los precios de la papa y el plátano representan los principales riesgos para los próximos meses».
El resultado deja una señal clara para la economía colombiana. Cuando suben los alimentos, no solo se ajusta una estadística: se encarece el consumo básico y se erosiona el ingreso real de los hogares. El mercado ya votó con precios más altos, y el costo termina recayendo sobre familias que no pueden trasladar ese golpe a ningún lado.
También queda en evidencia un problema de productividad y de logística en las cadenas agropecuarias. Si el abastecimiento depende de cosechas, clima y transporte frágil, el margen para estabilizar la inflación es limitado. Capital busca reglas claras, infraestructura y menor fricción productiva. Sin eso, la volatilidad de alimentos seguirá actuando como un impuesto silencioso sobre el consumidor.