El acuerdo entre senadores del PPD y el gobierno de Chile por la invariabilidad tributaria de la megarreforma se cayó. Así lo confirmó el senador Pedro Araya (PPD), quien este viernes retiró su respaldo al pacto luego de que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, anunciara la eliminación de la indicación que buscaba rebajar el impuesto corporativo al 22%.
Para Araya, el gesto del Ejecutivo llegó tarde. «Efectivamente el acuerdo se cayó por culpa exclusiva del gobierno», afirmó el legislador en conversación con 24 Horas. Según su relato, las negociaciones se condujeron de buena fe y siempre sobre la base de mantener el impuesto corporativo en 23%, no en 22%.
«El ministro Quiroz sabe y el equipo de Hacienda sabe que nunca hablamos del 22%. Nunca lo mencionó, nunca lo insinuó», aseguró Araya. El senador explicó que la lógica de la invariabilidad discutida era «el impuesto del 23 más un 1,5», y que al presentarse la indicación con el 22%, la base de negociación cambió sin previo aviso.
El parlamentario fue enfático: «El gobierno trató de pasarnos un gol de fuera del estadio y no, yo no estoy disponible a volver a apoyar un acuerdo respecto al cual el gobierno, porque lo pillamos en la trampa, quiere revivirlo». Aunque el Ejecutivo retiró la indicación cuestionada y propuso mantener la tasa en 23%, Araya sostuvo que el daño ya está hecho. «Este acuerdo se cayó porque aquí se faltaron y se quebraron las confianzas», sentenció.
El legislador dejó una ventana abierta, pero con condiciones: «Si el gobierno quiere que uno vote a favor, esto es motivo de una nueva conversación, pero yo hoy no estoy disponible a votar la reforma como está».
Lo que quedó en evidencia este viernes es que la megarreforma tributaria enfrenta un problema que va más allá de los porcentajes. La confianza entre el Ejecutivo y sus propios aliados legislativos se fracturó en medio de una negociación sobre uno de los parámetros más sensibles para la inversión: la carga impositiva a las empresas.
Desde la perspectiva de Ágora Capital, el episodio ilustra un riesgo clásico cuando el Estado negocia las reglas del juego en lugar de establecerlas con claridad y estabilidad. La invariabilidad tributaria existe precisamente para dar certeza al capital; si el instrumento diseñado para generar confianza se convierte en fuente de desconfianza política, el mensaje para el inversor es inequívoco: las reglas pueden moverse en cualquier dirección, y en cualquier momento. Capital busca reglas claras, y este viernes en Santiago no las encontró.


