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Robótica, liderazgo y pertenencia: la carrera de una ejecutiva que llevó su experiencia hasta NASA

Sakshi Dubey relata cómo pasó de Moradabad, en el norte de India, a entrenar en NASA Kennedy Space Center. Su historia pone el foco en el mérito, la formación y el acceso real a campos de alta tecnología.
viernes 9 de octubre de 2026

Sakshi Dubey, Technical Program Manager en Amazon, líder global de robótica, candidata a astronauta ciudadana de NASA y conferencista TEDx, cuenta una trayectoria que la llevó desde Moradabad, una ciudad del norte de India conocida por sus artesanías en latón, hasta entrenar en NASA Kennedy Space Center para una misión suborbital simulada.

Dubey recuerda que creció sin un «mapa» ni un «mentor de la industria» que hubiera recorrido antes ese camino. Aun así, hoy desarrolla sistemas robóticos autónomos que operan en varios continentes, dirige programas empresariales de inteligencia artificial y visión por computadora, y presenta investigación en robótica en Estados Unidos y en el exterior, en centros de innovación como Tokio y Barcelona.

En su relato, la experiencia en un traje espacial suborbital le dejó una idea central: la sensación de pertenencia en campos de alta tecnología no llega sola, sino que se construye de forma activa. También describe el síndrome del impostor como una presión silenciosa que aparece cuando una mujer es la única en una sala o cuando una propuesta es valorada de manera distinta según quién la repita.

Su respuesta es el oficio. Dubey sostiene que, cuando el conocimiento es lo bastante profundo, aplicado y riguroso, el trabajo termina hablando por sí mismo. En sus palabras, llega un punto en que otros dejan de preguntar si alguien pertenece y empiezan a preguntar qué construirá después.

La autora usa la robótica como metáfora y como argumento. Dice que un sistema de visión no depende solo del sensor de la cámara, sino de cómo el algoritmo maneja la incertidumbre. Cita la diferencia entre procesar una caja de cartón rígida y una bolsa de plástico deformable para subrayar que en robótica no hay crédito parcial: el sistema funciona en el mundo real o no funciona.

Desde ahí traslada el razonamiento al liderazgo. Para Dubey, ser una persona de fuera de una cultura, campo o linaje profesional no es una barrera, sino una ventaja de investigación, porque permite ver problemas que otros no observan. También afirma que nadie en tecnología, robótica o liderazgo entregará un «permiso» para pertenecer.

La nota incorpora además su trabajo con jóvenes mujeres en disciplinas técnicas. Dubey dice haber visto talento en muchas comunidades, pero también la ausencia de referentes que muestren que es posible llegar a niveles altos. Por eso insiste en que estar en la sala no es la meta: la meta es abrir la puerta para que otras entren.

Más allá de su historia personal, el mensaje es nítido para cualquier economía que quiera escalar productividad: el capital humano no florece con consignas, sino con mérito, disciplina y reglas de acceso claras. Cuando el talento encuentra un entorno que no bloquea su avance, la innovación acelera y el retorno social se multiplica.

El mercado ya votó por esas ideas hace tiempo. Las organizaciones que premian la capacidad y no la pertenencia simbólica ganan en productividad, margen y resiliencia. La igualdad de oportunidades no es un eslogan: es una condición para que la libre empresa descubra más talento y lo convierta en valor.

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