Los números ya llegaron. Desde el 1 de julio el recargo por trabajar domingos y festivos subió del 80% al 90%, y desde el 15 de julio la jornada máxima se redujo de 44 a 42 horas semanales. El resultado: empresas de vigilancia, hoteles y restaurantes reorganizan turnos, contratan más personal o asumen nóminas más pesadas.
El sector de vigilancia y seguridad privada concentra el impacto más visible. Entre el 80% y el 90% del costo operativo de una empresa del ramo corresponde a personal, según Raquel Garavito, presidenta de Fedeseguridad. Los márgenes del sector, que según la dirigente gremial se ubican entre el 3% y el 4%, no dejan espacio para absorber el choque.
El efecto acumulado de todos los cambios implementados desde 2023 —incremento del salario mínimo, reducción gradual de jornada, adelanto del horario para recargo nocturno y aumento progresivo de recargos dominicales— elevó el costo del servicio de vigilancia un 32% entre agosto de 2025 y agosto de 2026, de acuerdo con cálculos del gremio. Como referencia, Fedeseguridad estima que un servicio que antes costaba alrededor de $14,9 millones puede acercarse hoy a $19,6 millones, según el esquema de turnos contratado.
«Esto es una bola de nieve. Si se mezclan tantos cambios al mismo tiempo, inmediatamente se genera ese efecto acumulado», sostuvo Garavito ante EL COLOMBIANO.
El golpe más inmediato no cae sobre el sector residencial, sino sobre el Estado mismo. Hospitales, colegios oficiales, obras de infraestructura, alcaldías y gobernaciones figuran entre los principales usuarios de vigilancia privada. Muchos de esos contratos fueron presupuestados antes de conocer el alcance real de los incrementos. «Cuando los alcaldes y gobernadores estructuraron sus planes de desarrollo nunca imaginaron que el impacto del salario mínimo y de todos estos cambios laborales fuera tan grande», señaló Garavito. Al tratarse de una tarifa regulada e indexada al salario mínimo, las empresas no pueden absorber el incremento: los mayores costos se trasladan al usuario, público o privado.
El viceministro de Trabajo, Iván Jaramillo, reconoció que los sectores más expuestos son los que dependen de jornadas dominicales y festivas, y cifró en aproximadamente 962.000 los trabajadores que recibirán un incremento en sus recargos. El Gobierno sostiene que la medida mejora los ingresos de esos trabajadores.
En hotelería, el Monitor Laboral de Cotelco registra que el valor de la nómina de establecimientos de alojamiento aumentó en promedio 21,4% durante los primeros cinco meses del año frente al mismo periodo anterior.
El sector de vigilancia emplea cerca de 400.000 personas de forma formal. En Bogotá, según Fedeseguridad, hay aproximadamente 11 vigilantes privados por cada policía; en Medellín, la relación ronda cinco por cada uniformado.
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La reforma laboral del gobierno Petro lleva tres años acumulando capas de costo sobre los sectores que más empleo formal generan. El problema de fondo no es que los trabajadores ganen más —eso es un hecho— sino que el aparato estatal trasladó la factura a las mismas entidades públicas que debía financiar con eficiencia. Alcaldías y hospitales que presupuestaron contratos con cifras obsoletas hoy enfrentan sobrecostos que saldrán del bolsillo del contribuyente. Capital busca reglas claras: cuando las reglas cambian cada año y en varias dimensiones simultáneas, la inversión en sectores intensivos en mano de obra simplemente retrocede.


