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Propal entra en liquidación judicial tras 68 años: 550 empleos directos perdidos y un modelo industrial que no sobrevivió a la presión importadora

La histórica papelera del Grupo Carvajal, fundada en 1957 en Yumbo, Valle del Cauca, cierra operaciones tras una caída del precio del papel bond importado de US$1.070 a US$842 por tonelada entre 2022 y 2025. La carga tributaria y la revaluación del peso completaron el cuadro.
Imagen ilustrativa
martes 4 de agosto de 2026

Propal, la empresa que durante casi siete décadas abasteció de papel a Colombia, anunció su liquidación judicial. La decisión, descrita por Pedro Felipe Carvajal, presidente de la Junta Directiva, como «la más difícil en la historia de la Organización Carvajal», deja 550 empleos directos afectados y cierra un capítulo de manufactura nacional que comenzó formalmente en 1961.

Un modelo industrial construido sobre el bagazo de caña

La historia arranca en 1957, cuando la firma estadounidense W. R. Grace and Co. fundó en Yumbo, Valle del Cauca, la empresa Pulpa y Papeles Colombianos (Pulpaco), con el propósito de transformar el bagazo de caña de azúcar de los ingenios del valle geográfico del río Cauca en papeles finos. El 4 de agosto de 1961, el entonces presidente Alberto Lleras Camargo inauguró oficialmente la planta. Un año después nació Productora de Papeles S.A. (Propal), resultado de la alianza entre Pagraco e International Paper Company, con una capacidad instalada de 36.000 toneladas métricas anuales.

La expansión fue constante. En 1981 entró en operación un sistema de desmedulado en húmedo con capacidad para procesar 400.000 toneladas anuales. En los noventa, la adquisición de Papelcol en Caloto, Cauca, convirtió a Propal en operador de una de las plantas de papel fino con bagazo más modernas del mundo. En 1997 las acciones pasaron a la Fundación Antonio Restrepo Barco y comenzó un proceso de recapitalización liderado por Carvajal S.A. con respaldo del entonces Instituto de Fomento Industrial. En 2007 se creó Zona Franca Propal, filial con cortadoras, empacadoras y planta de dióxido de cloro.

Tres años de deterioro que no tuvo reversa

Según Pedro Felipe Carvajal, desde hace aproximadamente tres años la empresa comenzó a enfrentar una combinación de factores externos que erosionaron sus resultados de forma progresiva. El primero: la caída sostenida de los precios del papel en el mercado internacional. El dato es elocuente: en 2022 una tonelada de papel bond importado ingresaba a Colombia a un precio promedio de US$1.070; para 2025 ese valor había descendido a US$842 por tonelada.

A eso se sumó la revaluación del peso colombiano frente al dólar, que redujo los ingresos tanto en ventas nacionales como en exportaciones mientras los costos de producción seguían subiendo. La competencia de productos importados a precios menores completó el cuadro de inviabilidad.

Voces del sector han señalado además la presión de los altos impuestos que enfrentan las empresas colombianas como factor de pérdida de competitividad frente a proveedores externos.

La lectura del mercado

El cierre de Propal no es solo la historia de una empresa que no resistió el ciclo de precios. Es la señal de que Colombia sigue sin resolver la ecuación básica de la manufactura: costos tributarios y regulatorios que restan competitividad frente a importaciones que llegan con menores cargas. Cuando el precio de referencia cae 21% en tres años y la moneda local se aprecia, cualquier productor doméstico con estructura de costos rígida queda expuesto.

El Gobierno Petro ha apostado por ampliar la carga fiscal sobre las empresas. El resultado, en este caso, es una planta cerrada, 550 familias sin ingreso directo y una industria que tardó 68 años en construirse. Capital busca reglas claras; cuando no las encuentra, o se va o cierra. Propal cerró.

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