La Exposición Rural de Palermo arrancó este domingo bajo llovizna y con la atención dividida entre los corrales y la final del Mundial. El evento de fondo, sin embargo, es el discurso que el presidente Javier Milei pronunciará el próximo domingo en el acto inaugural: los productores lo esperan con reconocimiento por lo hecho, pero con una lista de pendientes.
El clima del sector es, en términos generales, positivo. Precios históricamente altos, mayor previsibilidad y la eliminación de restricciones a las exportaciones configuran un escenario que varios cabañeros describen como inédito. «Todo el trámite de exportaciones se ha flexibilizado mucho. Ese es el camino correcto», resumió Ezequiel Lopepe, veterinario y cabañero de El Rincón, de General Villegas.
Pero el diagnóstico compartido es que falta profundizar. Fabián Otero, vicepresidente primero de la Asociación Argentina de Angus y productor de Río Cuarto, señaló que la principal necesidad hoy no es otra baja de retenciones sino el acceso al crédito. Con un stock ganadero que se redujo en los últimos años, Otero apunta a la productividad: «Podemos obtener muchos más kilos de carne con el mismo stock ganadero que tenemos», afirmó, y advirtió que muchos campos no completan los planes sanitarios por falta de infraestructura.
Lopepe, en cambio, puso el acento en la carga fiscal. «Hoy la presión tributaria que tiene el campo es muy alta. Tenés Impuesto a las Ganancias y un montón de tributos que hacen muy duro producir en la Argentina», sostuvo. Al mismo tiempo, valoró la incorporación de los reproductores de genética superior al Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), que permite amortizar la compra de esos animales en un año. Para Lopepe, ese tipo de herramienta debe ampliarse: «La inversión alimenta más la economía que el pago de impuestos», argumentó.
Luciano Marconi, de la cabaña La Soledad, reclamó avanzar en la reducción de las retenciones que aún pesan sobre la carne de novillo —el Gobierno ya eliminó las retenciones a la carne de vaca— aunque pidió gradualismo: «Obviamente que necesitamos que se baje, es lo que todos queremos, pero tampoco creo que sea posible hacerlo de golpe». Su énfasis mayor, no obstante, fue la recuperación de la previsibilidad: «Hoy podés empezar a planificar la producción», dijo, algo que, según explicó, era imposible en años anteriores.
Los números primero: el campo argentino llegó a Palermo con rentabilidad recuperada, exportaciones liberadas y un marco regulatorio menos hostil. Eso es real y es mérito de decisiones concretas del Gobierno. Pero la presión tributaria que describe Lopepe no es retórica; es el techo que limita la inversión en genética, infraestructura y tecnología justo cuando la demanda internacional está disponible. El RIMI es una señal en la dirección correcta; la pregunta es si el Gobierno usará el discurso del domingo para convertir esa señal en política más amplia. Capital busca reglas claras, y el campo argentino, después de décadas de intervencionismo, sabe mejor que nadie lo que cuesta cuando el Estado decide lo contrario.


