Panamá dará un paso inédito en su matriz eléctrica: por primera vez, las licitaciones de potencia y energía previstas para 2027 incorporarán sistemas de almacenamiento con baterías. El anuncio lo hizo esta semana el secretario nacional de Energía, Rodrigo Rodríguez, quien confirmó que la revisión del Programa de Licitaciones está en marcha y que el nuevo esquema será presentado «en noviembre o, a más tardar, en diciembre de este año».
El contexto que obliga a actuar
El sistema eléctrico panameño depende cada vez más de fuentes renovables variables. El reporte operativo del 17 de julio muestra que las hidroeléctricas aportaron 14,161.7 MWh —37.8% del total generado ese día—, las plantas térmicas 12,820 MWh (34.2%), y la combinación de eólica y solar sumó 10,511.2 MWh, equivalente al 28% de la generación diaria. La energía solar, con más de 700 megavatios de capacidad instalada, representa cerca del 12.5% de la matriz nacional.
Al mismo tiempo, las proyecciones climáticas internacionales advierten que un nuevo episodio del fenómeno de El Niño podría extenderse hasta los primeros meses de 2027 con intensidad moderada o incluso extrema. Los embalses estratégicos de Bayano, Fortuna y Changuinola registraron variaciones mínimas el 17 de julio, señal de que las autoridades operan con cautela para preservar reservas.
El eslabón que falta
Jesús González, director ejecutivo de la Cámara Panameña de Energía Solar, lo sintetizó con precisión: «El componente que nos hace falta como renovables es el sistema de almacenamiento para que se considere como potencia firme». Hoy, la electricidad solar generada en horas pico no puede almacenarse; con baterías, podría liberarse durante la noche o en episodios de baja generación. González también señaló que la tecnología ha reducido costos significativamente y que países como República Dominicana, Colombia, Brasil y México ya desarrollan proyectos de almacenamiento a gran escala.
El consultor internacional Rafael Jaén Williamson simplificó el mecanismo: «Es como guardar plata en el banco para utilizarla cuando realmente se necesita».
Rodríguez fue explícito sobre el ritmo: «Las licitaciones no pueden hacerse a la ligera», afirmó, subrayando que los inversionistas necesitan tiempo suficiente para preparar sus propuestas y que el objetivo final es proteger a los consumidores y garantizar suministro confiable.
La lectura del mercado
El movimiento del gobierno Mulino apunta en la dirección correcta: atraer capital privado especializado mediante señales regulatorias anticipadas. Capital busca reglas claras, y el cronograma anunciado —noviembre-diciembre para definir capacidades y tecnologías elegibles— le da a los inversionistas una ventana de planificación razonable antes de las licitaciones de 2027.
El riesgo está en la ejecución. Los pliegos de licitación determinarán si Panamá se convierte en destino competitivo para el capital energético regional o si la burocracia diluye la oportunidad. Con El Niño en el horizonte y una matriz que ya depende en casi un tercio de fuentes variables, el margen para la improvisación es estrecho. El mercado ya votó por la tecnología; ahora le toca al Estado no estorbar.


