UBS proyecta que la economía panameña crecerá alrededor de 5% en 2026, con posibilidad de superar ese nivel. El informe, titulado Panama: Let the Good Times Roll, atribuye el avance a la aceleración de la actividad, los ingresos del Canal y el ajuste de las finanzas públicas.
Los números primero. Durante el primer semestre de 2026 la actividad económica creció 5.5%, el mejor desempeño entre las principales economías latinoamericanas y el resultado semestral más sólido de Panamá desde 2017, sin contar el rebote post-pandemia. El crecimiento se apoyó en el consumo de los hogares, la recuperación de la construcción, el turismo y el Canal, beneficiado por la reorganización de rutas comerciales derivada de las tensiones en el estrecho de Ormuz.
El dato fiscal es el que sostiene la tesis de UBS. El déficit del sector público no financiero bajó de 6.4% del PIB en el primer trimestre de 2025 a 3.3% en el segundo trimestre de 2026. La entidad califica esa consolidación como una de las más profundas del continente. El ajuste combinó recortes de gasto por cerca de dos puntos del PIB —repartidos entre funcionamiento e inversión— con un alza de ingresos tributarios de 0.7 puntos porcentuales. El déficit primario cayó a 0.3% del PIB y el ministro de Economía, Felipe Chapman, ha dicho que el Gobierno busca un superávit primario en 2026.
La deuda bruta se mantiene entre 65% y 67% del PIB en los últimos cuatro trimestres, todavía por encima de los niveles previos a la pandemia, pero UBS considera que la trayectoria comienza a estabilizarse y que el ajuste respalda la conservación del grado de inversión. Panamá conserva calificación BBB- y sus bonos en dólares acumulan retorno cercano a 3% en 2026, con rendimientos de 5% a 6%, unos 150 puntos básicos por encima de comparables.
UBS señala una paradoja: el crédito bancario permanece contenido mientras la economía se acelera. Desde 2024 los depósitos privados crecieron entre 5,000 y 6,000 millones de dólares al año, equivalente a 5% del PIB, pero los bancos han preferido colocar liquidez en activos financieros fuera del país antes que en préstamos locales, ante rendimientos ajustados al riesgo más atractivos en el exterior. El capital está disponible; lo que falta son incentivos claros para canalizarlo hacia proyectos domésticos.
El informe también anota un dato político: la aprobación del presidente José Raúl Mulino habría caído por debajo de 20%, más de 50 puntos frente a dos años atrás, en un contexto en el que, según UBS, buena parte de la población percibe que el crecimiento no la beneficia directamente. Aun así, el banco considera contenidos los riesgos de gobernabilidad, porque la administración ha logrado avanzar su agenda —reforma de la seguridad social, reducción del déficit y la posibilidad, todavía no concretada, de reabrir la mina de cobre— pese a la impopularidad.
El mercado ya votó: la disciplina fiscal panameña obtiene el respaldo de una banca de inversión global en un momento en que otros países de la región siguen posponiendo el ajuste. La lectura de fondo es sencilla. El crecimiento y la consolidación fiscal pueden convivir cuando el gasto se recorta con seriedad, sin necesidad de asfixiar al sector privado con más impuestos. El verdadero desafío para Panamá no es la macro, que UBS certifica sólida, sino traducir ese ajuste en reglas que devuelvan el crédito a la economía real y en beneficios visibles para la mayoría, condición sin la cual ninguna cifra de PIB sostiene por sí sola el respaldo político a las reformas de mercado.


