La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lanzó el estudio Promoting the Development of the Semiconductor Ecosystem in Panama y presentó sus conclusiones en una videoconferencia encabezada por su secretario general, Mathias Cormann.
El diagnóstico es directo: Panamá tiene ventajas reales —posición geográfica, plataforma logística, capacidad de conectar mercados— pero esas ventajas no son suficientes por sí solas para atraer empresas de semiconductores ni para competir en segmentos tecnológicos de mayor valor.
Cuatro ejes de acción
El primer llamado del organismo es establecer una dirección estratégica unificada. Cormann subrayó que las iniciativas públicas vinculadas con los semiconductores no pueden funcionar de forma aislada. La OCDE recomienda utilizar la Comisión para la Innovación en Microelectrónica y Semiconductores como instancia central de coordinación entre Gobierno, sector privado, universidades y centros de investigación.
El segundo eje es el capital humano. La producción de semiconductores exige ingenieros, investigadores y técnicos altamente calificados, y la escasez de esos perfiles es uno de los principales obstáculos mundiales para expandir la industria ante la demanda creciente de inteligencia artificial y computación avanzada. La OCDE recomienda ampliar programas técnicos y universitarios, fortalecer la enseñanza del inglés, atraer especialistas internacionales y desarrollar certificaciones en electrónica, programación, automatización, diseño y mantenimiento de equipos especializados.
El tercer ámbito es investigación, desarrollo e innovación. El organismo plantea ampliar la base científica del país, aumentar la inversión en investigación aplicada y mejorar la conexión entre universidades y empresas. También recomienda facilitar el acceso a financiamiento para emprendimientos tecnológicos y promover proveedores nacionales capaces de integrarse gradualmente a la cadena de valor, de modo que las inversiones no operen como enclaves desconectados del resto de la economía.
El cuarto eje es infraestructura. Las empresas del sector requieren suministro estable de electricidad, agua, conectividad digital y servicios logísticos, además de condiciones sólidas de seguridad física y cibernética. El informe recomienda evaluar la capacidad de la infraestructura panameña para atender proyectos tecnológicos y garantizar servicios confiables y sostenibles.
Entre las actividades con menores barreras de entrada que Panamá puede explorar figuran el diseño de circuitos, la logística especializada, el ensamblaje, las pruebas y el empaquetado de semiconductores. La fabricación avanzada de chips, en cambio, demanda inversiones multimillonarias, abundante energía, agua y cadenas de proveedores altamente desarrolladas.
La OCDE también señaló la necesidad de mantener un entorno regulatorio estable, proteger la propiedad intelectual y ofrecer reglas claras a los inversionistas.
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El mensaje de fondo es uno que el mercado conoce bien: el capital busca certeza antes que geografía. Panamá tiene una ventana real en la reconfiguración global de las cadenas de suministro de semiconductores, acelerada por la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China. Aprovecharla depende menos de decretos y más de reformas concretas: universidades alineadas con la industria, infraestructura que no falle y un marco legal que no cambie con cada gobierno. La administración Mulino tiene en este estudio una agenda de libre empresa lista para ejecutar; la pregunta es si la voluntad política acompañará la oportunidad.


