Javier Milei llegó a La Rural el 26 de julio no como candidato en campaña sino como aliado consolidado del sector agropecuario. Lo acompañaron la secretaria general Karina Milei, el ministro de Economía Luis Caputo y el jefe de Gabinete Diego Santilli. El auditorio lo recibió con una ovación que marcó el tono de toda la jornada.
El mensaje central fue directo: «Más libertad, menos impuestos». Milei prometió la eliminación definitiva de las retenciones y explicó el mecanismo: el crecimiento de la minería y la energía reemplazará esa fuente de ingresos fiscales. «El crecimiento de esos sectores es lo que financiará la quita de retenciones», afirmó ante el auditorio. La promesa no vino acompañada de una fecha ni de un decreto, sino de una lógica de largo plazo atada al superávit fiscal, que el Presidente presentó como condición indispensable para sostener la baja tributaria.
El discurso tuvo un segundo pilar, explícitamente político. Sin nombrar al kirchnerismo, Milei lo responsabilizó de haber «faenado a la gallina de los huevos de oro» a través de retenciones, controles de precios, cepo y regulaciones. La frase que más aplausos cosechó fue: «Esa oscura página la estamos dando vuelta para siempre». El rechazo al ciclo kirchnerista sigue siendo el principal punto de identificación entre el Presidente y el electorado rural.
Entre los anuncios concretos, Milei adelantó un paquete desregulador que incluye una reforma del régimen de navegación interna para reducir costos logísticos. También destacó la reapertura y expansión del mercado norteamericano para la carne argentina; el embajador Peter Lamelas estuvo presente en el palco oficial, subrayando el alineamiento con Washington.
Antes del discurso presidencial, el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, respaldó el rumbo económico del Gobierno, elogió la baja de la inflación, el equilibrio fiscal y la reducción de retenciones, y reclamó que el tributo desaparezca «por ley y para siempre». Al pronunciar esa frase se giró hacia el palco oficial: Milei y Caputo respondieron con una sonrisa y un gesto afirmativo. Pino también apuntó contra gobernadores e intindentes por la presión tributaria provincial y municipal, cuestionando Ingresos Brutos, tasas viales y gravámenes al transporte intermunicipal, a los que calificó como «aduanas internas».
El acto cerró con un abrazo entre Milei y Pino. La escena resumió la apuesta política del Gobierno de cara a 2027: consolidar al agro como base electoral sobre la promesa de estabilidad macro y reducción de carga impositiva.
Lectura editorial. Los números del campo son el termómetro más honesto de cualquier política económica argentina: cuando el Estado afloja la presión, el sector produce, exporta y genera divisas. La promesa de eliminar retenciones atada al crecimiento de minería y energía es, en esencia, una apuesta a que el libre mercado financie su propia liberalización, sin déficit ni emisión. Capital busca reglas claras, y el agro argentino lleva décadas esperando exactamente eso. El contraste con el kirchnerismo no es retórica: es el registro histórico de lo que ocurre cuando el aparato estatal decide vivir del productor en lugar de dejarlo crecer.


