Los números no mienten. Para julio y agosto, la oferta de asientos en rutas entre Estados Unidos y las playas mexicanas caerá 21.5%, lo que equivale a cerca de 989 mil plazas perdidas en la temporada de mayor demanda del año, según un análisis del Centro de Investigación Avanzada en Turismo Sostenible (STARC) de la Universidad Anáhuac Cancún.
La sangría no es nueva. México captaba al 22% de los viajeros estadounidenses antes de la pandemia; en mayo de 2026 esa cifra descendió a 19.1%. Durante el COVID-19 el país llegó a concentrar el 44% de ese flujo, una ventana que, según los propios actores del sector, no fue aprovechada para consolidar la preferencia del viajero norteamericano.
Ahora ese turista vuela a Europa o a destinos asiáticos. La consecuencia directa: México pierde alrededor de 60 mil viajeros internacionales por mes, y los que sí llegan gastan menos, presionados por la fortaleza del peso.
«Estamos preocupados, este estancamiento con tendencia negativa del viajero internacional, y la reducción en el gasto promedio es un tema que nos afecta», admitió Antonio Cosío, presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET).
La tormenta tiene varios frentes. American Airlines eliminará más de 469 mil asientos en rutas hacia playas mexicanas en julio-agosto; United Airlines recortará 465 mil adicionales. La quiebra de Spirit Airlines, detonada por los altos precios del combustible, sumó una ausencia de 165 mil asientos solo para el Caribe mexicano en ese mismo periodo.
Francisco Madrid, director general del STARC, enumera los factores: sargazo, fortaleza del peso, mayor competencia internacional y escasez de asientos. A eso se suma, según Alik García, subdirector de Análisis Bursátil en VALMEX Casa de Bolsa, la política antimigratoria del presidente Donald Trump, que ha reducido la demanda en el mercado transfronterizo, históricamente el de mayor volumen en verano.
«Tenemos muchos retos, la cantidad de asientos programados para el verano es preocupante», remarcó Cosío.
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El turismo es una de las pocas industrias donde México compite con ventajas naturales genuinas: costas, clima y proximidad al mercado más grande del mundo. Que esas ventajas se estén diluyendo no es un accidente meteorológico; es el resultado acumulado de años sin política de seguridad creíble, sin infraestructura aeroportuaria competitiva y sin una estrategia de Estado para retener al visitante de alto valor.
Cuando el capital —en este caso, el gasto del turista— encuentra obstáculos regulatorios, inseguridad o señales contradictorias, simplemente cambia de destino. Europa y Asia no son más baratos ni más cercanos; son percibidos como más predecibles. Esa percepción tiene un costo medible: casi un millón de asientos vacíos en un solo verano. El mercado ya votó.


