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Los sindicatos caen a 5,9% en el sector privado de EE.UU.; el poder gremial migra al Estado

Casi la mitad de los 14,7 millones de afiliados sindicales del país ya trabaja para el gobierno, no para la empresa privada.
Imagen generada con IA
lunes 7 de septiembre de 2026

Los números primero. En 1954, uno de cada tres trabajadores estadounidenses estaba sindicalizado. Hoy esa cifra cayó a apenas 5,9% en el sector privado, según datos citados por el New York Post. El dato que invierte el mapa: casi un tercio de los empleados públicos sí está afiliado a un sindicato, y de los 14,7 millones de sindicalizados que quedan en el país, cerca de la mitad trabaja para el gobierno, no para la empresa privada.

El Labor Day nació en 1882, cuando 10.000 trabajadores marcharon desde el ayuntamiento de Nueva York hasta Union Square en el primer desfile del país, organizado por la Central Labor Union y los Knights of Labor. En 1894, el presidente Grover Cleveland firmó la ley que convirtió el primer lunes de septiembre en feriado federal. El diario recuerda que el propio New York Post apoyó tempranamente ese movimiento: en 1836 su editor William Cullen Bryant defendía el derecho de asociación de los trabajadores libres.

Pero incluso Franklin Delano Roosevelt, el presidente que más impulsó el sindicalismo privado, trazó una línea que hoy luce borrada. En 1937 escribió que «la negociación colectiva, tal como se entiende usualmente, no puede trasplantarse al servicio público», y calificó las huelgas de empleados estatales como «impensables e intolerables». Esa advertencia, señala el Post, quedó en el olvido, y es una razón por la cual el respaldo público a los sindicatos ha caído junto con los grandes desfiles que antes llenaban las calles.

En el terreno práctico, el feriado también expone quién trabaja y quién no: según Washington Examiner, oficinas de gobierno, tribunales, escuelas y el correo cierran, igual que bancos y la bolsa de valores. En cambio, la mayoría de los grandes minoristas y supermercados abre, muchos con promociones para atraer clientes; solo Costco cierra entre las grandes cadenas. Para quienes viajan, AAA reporta que los boletos aéreos a los principales destinos domésticos cuestan casi 20% más que el año pasado, el galón de gasolina promedia justo debajo de 4,10 dólares —90 centavos más que hace un año— y los cruceros son la excepción, un 4% más baratos.

El mercado ya votó sobre el sindicalismo privado: en un sector expuesto a la competencia, a la productividad y al bolsillo del consumidor, la afiliación sindical se redujo a una fracción marginal. Lo que no vota —porque no compite— es el sector público, donde el sindicato ya no negocia contra un empleador que arriesga capital, sino contra el mismo contribuyente que paga la nómina. Esa asimetría, más que la nostalgia por los desfiles de 1882, explica por qué el poder gremial que hoy sobrevive en Estados Unidos depende cada vez menos del mercado y cada vez más del Estado.

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