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Lesley-Anne Down revive el susto que la acercó a los crímenes de los Moors

La actriz de «Reagan» contó que de niña recibió llamadas que la hicieron pensar en la víctima de 10 años Leslie Ann Downey. La coincidencia, dijo, «freaked her out» y dejó una huella temprana de miedo en su familia.
domingo 11 de octubre de 2026

Lesley-Anne Down dijo que cree haber gastado ya tres de sus nueve vidas. La actriz, que interpreta a la «Iron Lady» junto a Dennis Quaid en «Reagan», recordó un episodio de su infancia que la marcó cuando tenía 10 años y que la vinculó, por coincidencia de nombre, con una de las víctimas de los crímenes de los Moors.

Down explicó que una de las primeras señales de alarma llegó cuando su madre recibió llamadas tras anunciarse la identidad de una niña asesinada. La víctima era Leslie Ann Downey, una menor de edad de 10 años, una edad muy cercana a la de la propia actriz en ese momento. «No era yo, por supuesto», dijo Down, pero añadió que aquello «la asustó muchísimo».

La actriz recordó que Leslie Ann Downey era unos seis meses menor que ella. También identificó a los asesinos como Ian Brady y Myra Hindley. La fuente señala que Brady y Hindley asesinaron a cinco niños entre 1963 y 1965, con varios cuerpos enterrados en Saddleworth Moor, en el norte de Inglaterra. El caso quedó conocido como los asesinatos de los Moors.

De acuerdo con los antecedentes del caso citados, Hindley y Brady fueron arrestados en 1965 y luego condenados por asesinatos vinculados al caso. Los cinco asesinados fueron Downey, Pauline Reade, John Kilbride, Keith Bennett y Edward Evans, con edades entre 10 y 17 años. El cuerpo de Bennett nunca ha sido encontrado.

La historia también remite a una realidad incómoda: la fragilidad de la infancia frente a la violencia más brutal. Para una familia, una coincidencia de nombre bastó para encender una alarma que nunca debió existir. Y para la sociedad, el caso vuelve a recordar que cuando el mal actúa con impunidad, el costo no lo pagan las instituciones, sino las víctimas y los suyos.

En ese sentido, el relato de Down no es solo una anécdota de celebridad. Es un recordatorio de que el orden y la protección de los inocentes no son abstracciones: son la base mínima de una comunidad sana. El mercado puede premiar el talento y la disciplina, pero ninguna capitalización compensa el daño cuando fallan la seguridad y el estado de derecho.

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