Los líderes de la Mesa de Enlace salieron de la Exposición Rural de Palermo con un mensaje dividido: respaldo al rumbo de Javier Milei y, al mismo tiempo, urgencia por acelerar la reducción de la presión impositiva sobre el agro.
Durante el acto inaugural, Milei sostuvo que «no hay baja de impuestos posible sin un superávit fiscal sostenido» y afirmó que la energía y la minería acompañarán al campo para que deje de ser el principal generador de divisas del país. También aseguró que la tarea de su gobierno es «sacarles la bota del cuello» a los productores «tan pronto como sea posible».
El ministro de Economía, Luis Caputo, había anticipado que no habría anuncios en la jornada, y así ocurrió. Esa ausencia fue el eje de los cuestionamientos sectoriales.
Andrea Sarnari, presidenta de la Federación Agraria Argentina (FAA), describió el discurso como «más de recuento de las políticas que se han llevado adelante hasta ahora» y subrayó que la aceleración en la rebaja impositiva «es una necesidad», no un deseo. Sarnari respaldó además el reclamo de Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), quien minutos antes había pedido en la pista central que la eliminación de las retenciones quede establecida por ley y no dependa de la «potestad discrecional» del Poder Ejecutivo. Ambos dirigentes coincidieron también en que los recursos recaudados deberían retornar al interior en infraestructura, caminos, escuelas y servicios.
Carlos Castagnani, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), interpretó el discurso como «una ratificación de la línea que viene siguiendo el Gobierno» y advirtió que la ausencia de anuncios puede ser preferible a promesas incumplibles. Su mensaje central apuntó a que «el campo no sea la caja de todos los gobiernos» y a que las cargas se distribuyan entre distintos sectores.
Lucas Magnano, presidente de Coninagro, destacó la previsibilidad que el Gobierno otorga a los productores al mantener el cronograma de reducción de retenciones. Reconoció que «hubiese sido bueno tener algún anuncio adicional», pero justificó la cautela oficial en la prioridad de preservar el equilibrio fiscal. Advirtió, sin embargo, que el crecimiento de nuevas actividades no debería replicar con otros sectores lo ocurrido durante décadas con el campo: «Todos deberían invertir, generar trabajo y aportar al crecimiento de la Argentina».
La lectura de Ágora Capital. El intercambio en Palermo ilustra con precisión la tensión central del modelo Milei: el ajuste fiscal como condición de posibilidad de la desregulación tributaria. El campo lo entiende y, en términos generales, lo acepta. Pero el reclamo de legalizar la baja de retenciones vía Congreso va más allá de la impaciencia: apunta a un principio de libre empresa elemental. La discrecionalidad ejecutiva sobre impuestos al comercio exterior es exactamente el tipo de riesgo regulatorio que ahuyenta inversión y distorsiona decisiones productivas. Capital busca reglas claras, no cronogramas sujetos a la aritmética política de cada gestión. Si el Gobierno quiere que el agro deje de ser «la caja» del Estado, el camino más corto es convertir esa promesa en norma.


