La economía plateada genera USD 4,2 billones anuales y concentra cerca del 27% del consumo mundial. Argentina, con 7,4 millones de personas de 60 años o más —el 16% de su población—, ya reúne la masa crítica para participar de ese mercado. Sin embargo, según planteó el economista Gustavo Rodolfo Reija en diálogo con Infobae, el país procesa ese dato con una lógica de ajuste fiscal, no de desarrollo.
Las cifras del primer semestre de 2026 ilustran esa brecha. El gasto en jubilaciones subió 1,2% real interanual, pero los haberes mínimos con bono cayeron 5,3% en términos reales por el congelamiento del complemento de $70.000 vigente desde marzo de 2024. Las pensiones no contributivas retrocedieron 6,8% real y la asistencia del Tesoro al PAMI cayó cerca del 30% en términos reales.
Detrás de esos promedios, la estructura social del envejecimiento ya tiene escala definida: de los 7,4 millones de mayores, unos 750.000 no cobran jubilación, 3,1 millones perciben el haber mínimo y cerca de la mitad no accede a seguridad alimentaria básica.
Reija encuadró el fenómeno con una fórmula que, según afirmó, recorre foros internacionales: «La economía plateada es la nueva economía verde». Citó al economista británico Andrew Scott para sintetizar el cambio de enfoque: la longevidad «no es un costo a contener, sino un activo a gestionar». El FMI, la Cámara de los Lores británica y grandes consultoras, señaló, convergen en ese diagnóstico.
El universo que describe Reija abarca industria biofarmacéutica antienvejecimiento —proyectada en USD 140.000 millones para 2026—, software de agetech, robótica de compañía, vivienda adaptada, turismo de longevidad y formación masiva de cuidadores. Japón convirtió la robótica de cuidado en industria exportadora; Dinamarca y los Países Bajos desarrollaron modelos de atención domiciliaria que hoy licencian al mundo, ilustró el economista.
El INDEC proyecta que el grupo de 60 años o más llegará a cerca del 25% de la población en 2050 y que hacia 2040 habrá más adultos mayores que niños. Esa curva demográfica, en la lectura de Reija, es la fuerza económica estructural más previsible y más subestimada del siglo.
La lectura de Ágora Capital. El diagnóstico de Reija señala algo que el libre mercado conoce bien: cuando el Estado monopoliza la respuesta a un problema estructural y la reduce a gasto público, cierra el espacio donde la inversión privada y la innovación podrían operar. La economía plateada no requiere más aparato estatal; requiere reglas claras para que el capital privado —dispositivos médicos, agetech, vivienda, turismo— encuentre rentabilidad en atender a ese segmento.
El ajuste fiscal en sí no es el problema; el problema es que el recorte no vino acompañado de desregulación ni de incentivos para que el sector privado cubra el espacio que el Estado achica. Mientras Japón exporta robótica de cuidado y Dinamarca licencia modelos de atención domiciliaria, Argentina sigue esperando que el Tesoro resuelva lo que el mercado podría hacer mejor y más rápido. Capital busca reglas claras, y en la economía de la longevidad esas reglas todavía no existen.


