La brecha entre la tasa oficial y la tasa paralela del dólar en Venezuela se redujo desde niveles cercanos al 40% hasta ubicarse por debajo del 20% en las últimas semanas, según cálculos basados en las cotizaciones de ambas referencias. El movimiento responde, en gran medida, a un aumento de las intervenciones del Banco Central de Venezuela (BCV) y a un ajuste más acelerado de la tasa oficial.
El contexto no es menor. La inflación mensual se aceleró a 13,8% en junio, frente al 6,3% registrado en mayo, mientras el país continúa absorbiendo las consecuencias económicas de los terremotos registrados a finales de ese mes. En ese escenario, cualquier movimiento en el mercado cambiario impacta directamente la formación de precios, las importaciones y las expectativas de los agentes económicos.
Para Manuel Sutherland, economista de la Universidad Central de Venezuela (UCV), el factor principal detrás de la reducción de la brecha ha sido el aumento de la oferta de divisas en el mercado oficial. «Ha habido un incremento enorme de la oferta de dólares en el mercado oficial», declaró Sutherland en contacto con Bloomberg Línea. Según sus estimaciones, en los primeros seis meses del año se habrían vendido cerca de US$7.000 millones, un volumen significativamente superior al de períodos anteriores.
Sutherland también señala que el BCV ha permitido que la tasa oficial avance con mayor rapidez. A su juicio, la tasa no responde únicamente a un mecanismo de oferta y demanda, sino a decisiones de política económica y cambiaria. «El Banco Central ha permitido que la tasa oficial se deslice, y eso ha achicado la brecha», afirmó.
Sin embargo, economistas advierten que el cierre del diferencial no implica necesariamente que se hayan corregido los desequilibrios que durante años han generado presiones sobre el mercado cambiario. La pregunta que circula entre empresas y consumidores es directa: ¿qué ocurrirá cuando ambas tasas converjan?
Desde Ágora Capital, la lectura es clara. Una brecha cambiaria que se cierra por la vía de la intervención estatal —mayor oferta administrada de divisas y un deslizamiento discrecional de la tasa oficial— no es lo mismo que una convergencia nacida de reglas predecibles y mercados libres. El BCV no es un árbitro neutral: es un instrumento del aparato político que controla el flujo de dólares como palanca de poder. Cuando la oferta de divisas responde a decisiones de política y no a incentivos de mercado, el riesgo de una reversión brusca es permanente.
Con una inflación mensual que saltó más de siete puntos en un solo mes, el margen de error es estrecho. Capital busca reglas claras, no administración discrecional. Mientras Venezuela no ofrezca un marco cambiario institucional y predecible, la convergencia de tasas será, en el mejor de los casos, un alivio transitorio para los precios; en el peor, la antesala de un nuevo ciclo de represión cambiaria.


