El presidente José Antonio Kast intervino este miércoles en el seminario InfraChile 2026. Lo hizo de forma telemática, durante el bloque de apertura del evento anual que reúne a líderes de infraestructura pública y privada.
En cerca de 15 minutos, Kast fijó su diagnóstico con una frase directa: «No hay país desarrollado sin crecimiento, y no hay crecimiento sin inversión, y no hay inversión sostenida sin una buena infraestructura».
El mandatario recurrió a la metáfora del tsunami. La usó para contrastar dos visiones. Una destructiva —la «avalancha de indicaciones» que la oposición ingresó al proyecto de Reconstrucción en mayo— y otra constructiva. «Chile necesita un tsunami, pero un tsunami de inversiones», sostuvo. «Un tsunami que levante la economía, las oportunidades, el trabajo y el desarrollo».
Kast también abordó la megarreforma de infraestructura, que aún permanece en el Congreso. No entregó plazos, pero subrayó que el proyecto está en «etapa final».
El eje de su discurso fue la alianza público-privada. Kast advirtió que ese modelo se pierde cuando la política se impone sobre la técnica. «Hay veces que, por distintos motivos políticos, esto se olvida, se vuelve solo al Estado», dijo. Y añadió: «El Estado solo no tiene las capacidades, y hoy día tampoco tiene todos los recursos».
Para respaldar el argumento, el presidente citó tres gobiernos de la Concertación. Mencionó a Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Ricardo Lagos como líderes que «insistieron en esta alianza pública-privada que tantos beneficios nos ha traído». El gesto es deliberado. Kast construye consenso histórico alrededor de un principio que hoy enfrenta resistencia política.
Lo que revelan los números y el momento
Chile lleva años debatiendo cómo destrabar inversión en infraestructura. El seminario InfraChile existe precisamente porque ese nudo no se resuelve solo con voluntad política. Requiere reglas, contratos y capital privado dispuesto a comprometerse a largo plazo.
El mensaje de Kast apunta a ese punto. Capital busca reglas claras. Cuando el Estado monopoliza la decisión y los recursos, el flujo de inversión se contrae. Cuando abre espacio al privado, la productividad del gasto público se multiplica. Eso es lo que Chile construyó en tres décadas. Y eso es, según el presidente, lo que hay que recuperar.
El riesgo real no es ideológico. Es de ejecución. La megarreforma sigue en el Congreso. Mientras no haya certeza jurídica, el «tsunami» queda en metáfora.


