Una operación coordinada por Interpol entre el 15 de enero y el 30 de abril dejó 5.811 personas capturadas en 97 países y territorios. El operativo apuntó a redes de estafas de ingeniería social y blanqueo de capitales, dos de las amenazas más rentables para la delincuencia financiera transnacional.
Los números hablan solos. Las autoridades analizaron 152.808 casos, resolvieron 23.715 investigaciones, bloquearon 31.014 cuentas bancarias e identificaron a 15.606 sospechosos. En paralelo, se bloquearon 293 millones de dólares en activos ilícitos y se identificaron más de 142.000 víctimas.
Entre los casos más llamativos figura Tailandia, donde las autoridades desarticularon una red de lavado de dinero vinculada a estafas románticas con criptomonedas. Uno de los investigados, de 20 años, habría administrado más de 122,5 millones de dólares en un periodo de diez meses. En Esuatini, 82 personas fueron capturadas tras operar una falsa comisaría de la Policía Federal —con uniformes y elementos simulados— para convencer a víctimas de transferir fondos.
Singapur y Omán lograron bloquear una transferencia fraudulenta de 6,6 millones de dólares relacionada con suplantación de correo electrónico empresarial. En Palaos, 22 personas fueron deportadas tras ser vinculadas con dos centros de estafas que operaban desde hoteles.
Colombia integró el operativo junto a Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, Honduras, Paraguay, Uruguay y España, entre otras naciones de América Latina.
Tomonobu Kaya, director del Centro de Delitos Financieros y Anticorrupción de Interpol, señaló que «las estafas de ingeniería social siguen representando una amenaza significativa y ningún país puede hacerles frente por sí solo».
Las modalidades combatidas incluyeron suplantación de identidad, falsas inversiones, romances en línea, extorsión sexual y fraude mediante correo electrónico empresarial.
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La escala de esta operación subraya una realidad incómoda: el crimen financiero organizado crece en proporción directa a la debilidad institucional de los Estados donde se refugia. Los 293 millones de dólares bloqueados no son solo un dato policial; son flujos que financian estructuras criminales capaces de corromper mercados, distorsionar precios y ahuyentar inversión legítima.
Para Colombia, la participación en este tipo de operativos es una señal positiva de cooperación internacional. Sin embargo, el verdadero indicador de avance será la tasa de condenas firmes y la recuperación efectiva de activos para las víctimas. Capital y crimen compiten por las mismas reglas claras: donde gana el segundo, el primero se va.


