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Informe de la Casa Blanca ataca la inmigración de científicos y choca con los datos

El documento firmado por el director de la Oficina de Ciencia y Tecnología contradice la evidencia del NSF y de cinco universidades de élite. El mercado de talento ya tiene su veredicto.
Imagen ilustrativa
viernes 24 de julio de 2026

Un nuevo informe de la Casa Blanca sostiene que la inmigración de científicos perjudica a Estados Unidos. La tesis es doble: es malo que los estudiantes internacionales se queden y también es malo que se vayan. El documento fue elaborado por Michael Kratsios, director de la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca.

El informe afirma que «la dependencia de talento extranjero margina a los estudiantes estadounidenses». Sin embargo, esa afirmación contradice datos del propio gobierno federal. La Fundación Nacional de Ciencias documentó en 2007 que un estudiante extranjero adicional se asocia con un aumento de 0,33 estudiantes blancos nativos en los programas de posgrado. El economista Kevin Shih, de la Universidad de California en Riverside, llegó más lejos: cada estudiante extranjero genera un estudiante nativo adicional.

Los números de innovación también apuntan en dirección contraria. Economistas de Harvard, Stanford y UC-Berkeley calcularon que los inmigrantes generan el 32% de la innovación agregada en Estados Unidos. Más de la mitad de ese efecto proviene de hacer más productivos a sus colaboradores nacidos en el país.

El peso del talento inmigrante en la ciencia aplicada es aún más contundente. Entre los doctores en ingeniería eléctrica que realizan I+D como actividad principal, el 87% son de origen extranjero. En ciencias de la computación e información, la cifra es 79%. Estos datos provienen del análisis de la Encuesta Nacional de Graduados Universitarios de 2023.

El informe también advierte sobre la «fuga» de talento hacia gobiernos extranjeros. Pero la NSF registra que aproximadamente el 68% de los titulados doctorales en ciencia e ingeniería con visa temporal permanece en Estados Unidos a largo plazo. El documento no cita fuentes para sostener que el apoyo ciudadano al financiamiento del sector STEM ha «erosionado».

El contexto regulatorio refuerza la dirección del informe. En julio, el Departamento de Seguridad Nacional finalizó una norma que limita la estancia de estudiantes internacionales a cuatro años. Una proclamación de septiembre de 2025 impuso una tarifa de 100.000 dólares sobre la entrada de nuevos titulares de visa H-1B. Una norma propuesta podría encarecer la contratación de muchos de esos trabajadores mediante nuevos niveles salariales prevalecientes.

Mark Regets, economista laboral e investigador sénior de la Fundación Nacional para la Política Americana, fue directo: «El informe trata a los estudiantes extranjeros como una amenaza mientras estudian, una amenaza si se quedan y una amenaza si se van. La realidad es que la ciencia americana gana en los tres casos».

El propio presidente Trump había abogado, en declaraciones anteriores, por otorgar tarjetas de residencia automáticas a los estudiantes internacionales que se gradúan en universidades estadounidenses. La contradicción entre esa postura y el nuevo informe no es menor.

La lectura de Ágora Capital. El libre mercado de talento funciona con las mismas reglas que cualquier otro mercado: la restricción artificial de oferta encarece el insumo y reduce el producto final. Cuando el aparato estatal cierra la puerta a los mejores científicos del mundo, no protege al talento local. Lo priva de los colaboradores que, según los datos, lo hacen más productivo. El riesgo real no es que lleguen demasiados ingenieros extranjeros. Es que, con cada nueva barrera burocrática, el capital intelectual encuentre otro destino.

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