Al menos tres incendios de gran magnitud arden simultáneamente en los alrededores de Spokane, en el estado de Washington, sin ningún porcentaje de contención registrado hasta el momento. El Fairview Fire, al noreste de la ciudad, y el Autumn Lane Fire y el Old Trails Fire, ambos al noroeste, han quemado en conjunto un estimado de 5.390 acres, según confirmó Courtney James, portavoz del Departamento de Recursos Naturales del estado de Washington, a Forbes.
Más de 600 estructuras habrían sido destruidas, de acuerdo con estimaciones de funcionarios citadas por varios medios, aunque aún no se ha precisado cuántas corresponden a viviendas. James señaló que era «demasiado pronto» para determinar el número exacto de construcciones afectadas, mientras los equipos de emergencia seguían trabajando para «controlar los incendios, que se vieron agravados por condiciones climáticas extremas».
Unos 900 efectivos se encontraban en el terreno combatiendo los tres focos al momento del reporte, con más personal en camino. Miles de residentes del condado de Spokane permanecen bajo órdenes de evacuación «Nivel 3» —la instrucción de «salir ahora»— que seguían vigentes el domingo, según el mapa oficial de evacuaciones del condado.
El contexto estatal agrava el cuadro. Washington acumula aproximadamente 425.000 acres quemados en lo que va del año, con más de 1.000 incendios registrados, la mayor superficie afectada desde 2021, según el Departamento de Recursos Naturales. Antes de los focos del sábado, los bomberos ya combatían 10 grandes incendios en otras partes del estado que cubrían cerca de 225.000 acres.
El Servicio Meteorológico Nacional (NWS) emitió el viernes una alerta de «situación particularmente peligrosa» para el este de Washington, advirtiendo que ráfagas de viento de hasta 50 millas por hora podían propagar nuevos focos con rapidez. Para el domingo, el NWS pronosticó «condiciones elevadas de riesgo de incendio», con ráfagas de entre 20 y 35 mph y humedad de entre 20% y 30%.
Los números hablan solos: tres focos activos, cero contención, 900 efectivos desplegados y una ventana meteorológica que no cede. La magnitud del desastre pone sobre la mesa preguntas incómodas sobre la gestión forestal preventiva, la capacidad de respuesta estatal y el costo que terminará asumiendo el contribuyente —tanto en daños directos como en recursos de emergencia— cuando la temporada de fuego supera con creces lo planificado. Capital e infraestructura privada están en la línea del frente; el mercado de seguros en la región ya habrá tomado nota.


