El Ibovespa cerró este miércoles en 176.010 puntos, con una caída del 0,36 % que prácticamente borró el avance de medio punto registrado la jornada anterior. El detonante fue la incertidumbre en torno a dos propuestas arancelarias que la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) tiene sobre la mesa contra Brasil.
La primera propuesta contempla un gravamen adicional del 25 % a las importaciones brasileñas, bajo el argumento de que Brasil aplica prácticas comerciales «desleales» y discriminatorias que perjudican a empresas estadounidenses. La segunda, un arancel adicional del 12,5 %, se enmarca en una investigación de la USTR que acusa a 60 países de no combatir ni fiscalizar adecuadamente el comercio de bienes producidos con trabajo forzado. El plazo para anunciar la lista de bienes afectados vencía este 15 de julio, según informó Brasil.
El mercado de divisas mostró mayor resiliencia: el real apenas cedió un 0,01 % frente al dólar, que cerró a 5,077 reales para la compra y 5,078 para la venta en el tipo de cambio comercial. El volumen operado en la bolsa paulista rondó los 40.000 millones de reales —equivalentes a 7.850 millones de dólares—, en 3,4 millones de operaciones.
Las pérdidas sectoriales fueron selectivas pero contundentes. La empresa de azúcar y energía Raízen cayó 6,4 % y la petroquímica Braskem retrocedió 6,1 %, ambas entre las más expuestas a represalias comerciales. En sentido contrario, las acciones de la cadena de supermercados Pão de Açúcar avanzaron cerca de un 7 %.
El Gobierno brasileño se reunió el martes con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, y le reiteró que «la imposición de cualquier arancel adicional resulta injusta y no es el camino para alcanzar un acuerdo bilateral mutuamente satisfactorio».
Desde Ágora Capital, la lectura es directa: el mercado ya votó. Cuando la amenaza arancelaria es concreta y el plazo es hoy, los flujos se mueven antes de que llegue el decreto. La administración Trump ha demostrado que utiliza el acceso al mercado estadounidense como palanca de negociación real, no retórica. Brasil lleva semanas respondiendo con diplomacia, pero el capital exige certeza jurídica, no buenas intenciones. Mientras Brasilia no ofrezca reciprocidad comercial verificable, el riesgo país seguirá cotizando con prima y los sectores exportadores pagarán el costo de la ambigüedad.


