Gerardo Carmona, vicepresidente de Hyundai para Centro y Sudamérica, lo dice sin rodeos: «La región dejó de comportarse como un solo mercado». La frase resume la apuesta estratégica de la marca coreana en América Latina, donde la velocidad de la electrificación varía de forma radical según el país.
Carmona enumera los factores que hacen imposible una receta universal: infraestructura de carga, regulación local, precio de la energía y geografía. «La transición energética será distinta dependiendo de cada país», afirma. Brasil, por ejemplo, mantiene una fuerte presencia de biocombustibles; otros mercados aún presentan limitaciones estructurales para la carga eléctrica.
En ese mapa heterogéneo, Chile ocupa un lugar destacado. El ejecutivo señala que la apertura comercial del país, sus normas de emisiones y un consumidor receptivo a la innovación lo convierten en «un laboratorio para introducir productos y medir tendencias que luego pueden extenderse a otros países». A eso se suma la relación de cuatro décadas con el distribuidor Gildemeister, que Carmona califica como clave para el crecimiento de la marca.
El panorama competitivo también cambió. La irrupción de marcas chinas en el mercado latinoamericano ha reconfigurado las reglas del juego. Lejos de presentarlo solo como una amenaza, Carmona reconoce que la presión competitiva ha elevado el estándar de toda la industria: «La competencia siempre obliga a mejorar. Hoy los clientes comparan mucho más y eso nos exige desarrollar mejores productos, incorporar más tecnología y ofrecer una experiencia de mayor calidad». A su juicio, el consumidor es el principal beneficiado.
Más allá del lanzamiento del renovado Venue en el mercado local, Carmona insiste en que el crecimiento de Hyundai dependerá menos de un modelo específico y más de la capacidad de responder a un mercado cada vez más diverso. «La industria vive uno de los momentos de mayor transformación de su historia. No sólo cambian las tecnologías; también cambian las expectativas de los clientes», concluye.
Desde Ágora Capital, el mensaje de Carmona ilustra una verdad que los mercados abiertos suelen confirmar antes que los reguladores: cuando la competencia es real, la innovación se acelera y el consumidor gana. La entrada de marcas chinas, lejos de justificar barreras proteccionistas, ha forzado a los incumbentes a mejorar producto, tecnología y servicio. La lección para los gobiernos de la región es clara: las normas de emisiones que elevan el estándar y la apertura comercial que multiplica la oferta son política industrial eficiente. El subsidio forzado a una sola tecnología, no.


