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Gartner ve en riesgo US$234.000 millones en software empresarial por la IA agente

Las aplicaciones pierden peso como interfaz central y el valor se desplaza hacia la coordinación, la trazabilidad y la gobernanza. Para las empresas, el criterio ya no es cuántas funciones ofrece un proveedor, sino qué tanto puede confiarse en su ejecución.
Imagen generada con IA
domingo 11 de octubre de 2026

Las aplicaciones empresariales tradicionales están perdiendo relevancia como categoría principal de trabajo, según Michael Jaszczyk, CEO de NEWWORK Software. Su argumento es que la IA agente ya puede establecer y orquestar interfaces de trabajo, incluso entre sistemas distintos, sin depender de una lista larga de funciones prearmadas.

Jaszczyk cita a Gartner, que en julio de 2026 estimó que US$234.000 millones en gasto de software de aplicaciones empresariales están en riesgo por la IA agente. Esa cifra equivale, según Gartner, a cerca del 20% del gasto en SaaS empresarial para 2030. La consultora describió el fenómeno como «arbitraje agente», en el que los agentes entregan resultados directos y vuelven «invisible» al software.

El cambio, plantea Jaszczyk, altera por completo la forma en que se compra tecnología corporativa. Durante años, el proceso arrancó con una hoja de cálculo para comparar proveedores por características. En ese esquema, el vendedor con más casillas marcadas solía ganar. Hoy, sostiene, esa lógica quedó desfasada porque las funciones ya no diferencian por sí solas a un proveedor.

El nuevo eje, dice, está en la confianza sobre lo que ocurre cuando la IA se conecta con datos, información y contexto existentes dentro de la empresa. Por eso, el proceso de compra ya no debería centrarse en si un proveedor puede ejecutar una tarea, sino en si puede orquestar trabajo en toda la organización con controles adecuados.

Entre esos controles menciona auditoría, trazabilidad y gobernanza. Jaszczyk afirma que la gobernanza, antes relegada al final de la presentación comercial, se volvió «lo más importante» para acertar. También sostiene que la infraestructura de ejecución con IA gobernada puede adaptarse a la organización y automatizar «alrededor del 90%» de los flujos estándar, dejando el resto para configuraciones dentro de límites de control.

En su lectura, eso reduce costos de coordinación que antes recaían sobre empleados: seguimiento de estados, excepciones en correos y procesos que se pierden en el camino. También plantea que los CIO deben cambiar su scorecard y empezar por cuatro preguntas: si la plataforma hereda permisos existentes, si puede producir un registro de ejecución apto para una auditoría exigente, y si sabe a quién derivar cuando el trabajo cruza de una aplicación a otra.

Para el mercado, el mensaje es claro: el valor se desplaza del catálogo de funciones a la capacidad de ejecutar con seguridad, trazabilidad y reglas. Capital busca reglas claras; en software, eso significa menos vitrina comercial y más disciplina operativa.

El mercado ya votó. Si Gartner tiene razón, buena parte del gasto en aplicaciones quedará bajo presión mientras la IA absorbe tareas que antes justificaban más licencias, más dashboards y más complejidad. Ganan las plataformas que reduzcan fricción, ordenen permisos y automaticen sin pedirle a la empresa que se adapte al capricho del proveedor.

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