La Federación de Trabajadores de la Energía (Fetraenergía) publicó una declaración firmada por su Comité Ejecutivo Nacional. El texto llama a una «refundación» del movimiento sindical venezolano. El diagnóstico es directo: estructuras burocráticas, capturadas por intereses políticos y desconectadas de sus bases.
La federación no habla de cambiar dirigentes. Habla de cambiar el modelo completo. «No basta con reemplazar una cúpula por otra», señala el documento. El objetivo declarado es terminar con el «gobierno de las cúpulas» en sí mismo.
El texto identifica tres fuentes de injerencia: el Gobierno, los partidos políticos y los patronos. Fetraenergía exige un sindicalismo «autónomo» de los tres. La única legitimidad válida, según la federación, debe provenir de los trabajadores organizados.
Los reclamos concretos son cuatro. Primero, elecciones internas libres y transparentes, sin pactos entre cúpulas ni designaciones desde arriba. Segundo, acceso de los trabajadores a las cuentas de sus organizaciones. Tercero, capacidad real de elegir y revocar dirigentes. Cuarto, participación directa en la negociación de contratos colectivos, no solo en marchas o fotografías.
La declaración también reivindica el derecho a crear nuevos sindicatos donde no existan organizaciones que defiendan los intereses de los trabajadores. Lo hace «sin persecución, sin discriminación y sin interferencias patronales o políticas». El señalamiento apunta explícitamente al Gobierno como fuente de esa interferencia.
Fetraenergía reconoce resistencia. «Quienes se beneficiaron durante años del viejo modelo intentarán conservar sus privilegios», advierte el documento. Aun así, la federación sostiene que «ninguna estructura burocrática puede detener indefinidamente la voluntad de los trabajadores».
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El mercado laboral venezolano opera bajo un Estado que concentra el mayor empleador del país —el sector energético— y que históricamente ha usado las estructuras sindicales como correa de transmisión política. Lo que Fetraenergía describe no es una anomalía: es el resultado lógico de décadas de aparato estatal expandido sobre la libre asociación.
Cuando los trabajadores no pueden negociar sin tutela gubernamental, no hay contrato colectivo real. Hay decreto con firma sindical. La refundación que propone Fetraenergía apunta al principio correcto: la legitimidad nace de las bases, no del Estado. Capital busca reglas claras. Los trabajadores, también.


