Anthony Fauci casi ha duplicado su patrimonio neto desde que abandonó el gobierno a finales de 2022. Un análisis del New York Post, basado en un informe de divulgación financiera de 141 páginas obtenido por el grupo de vigilancia Open The Books, estima que el ex director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) ha ingresado aproximadamente 12,5 millones de dólares desde su retiro, elevando su patrimonio total a unos 27,5 millones de dólares.
Solo en su primer año fuera del gobierno, Fauci recaudó 3,5 millones de dólares, según el mismo documento. En 2019, antes de la pandemia, su patrimonio declarado era de 7,6 millones; en 2023 había escalado a 15 millones, período en el que además recibía transporte y escoltas financiados con fondos públicos.
Una pensión sin precedentes
El componente más llamativo para el contribuyente es la pensión. Fauci percibe más de 350.000 dólares anuales —la mayor pensión gubernamental registrada en la historia federal—, lo que supone una inyección estimada de 1,5 millones de dólares en dinero público desde su salida. Al momento de retirarse, su salario de 480.654 dólares anuales superaba en 80.000 dólares el sueldo del presidente de los Estados Unidos.
Conferencias y academia
Una solicitud de registros públicos de Alpha News, de Minnesota, reveló que Fauci cobró 75.000 dólares por una sola conferencia en la Universidad de Minnesota en abril. Estimaciones del sector sitúan sus honorarios entre 50.000 y 100.000 dólares por aparición. Desde 2024, Fauci ha participado en al menos 18 eventos de este tipo, acumulando un mínimo estimado de 900.000 dólares.
Paralelamente, ocupa múltiples roles en la Universidad de Georgetown —donde el salario promedio de un profesor es de 233.000 dólares anuales—, con ingresos docentes estimados en al menos 750.000 dólares. Columbia University le otorgó el Premio Calderone con 50.000 dólares, y la Academia Nacional de Medicina el Premio Lienhard con 40.000 dólares adicionales.
El libro y los royalties
Según fuentes editoriales citadas por el Post, Fauci vendió sus memorias —«On Call: A Doctor's Journey in Public Service»— al sello Viking de Penguin Random House por 5 millones de dólares. Además, continúa recibiendo regalías de McGraw-Hill por un libro de texto que edita desde los años ochenta; los documentos financieros consignan un rango entre 100.000 y 1.000.000 de dólares anuales sin precisar la cifra exacta.
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Los números hablan por sí solos. Fauci salió del aparato estatal con el salario federal más alto de la nación, una pensión récord garantizada por los contribuyentes y un capital de relaciones institucionales construido durante 38 años en el sector público. Ese capital se convirtió, en menos de tres años, en conferencias de seis cifras, una cátedra universitaria de alto perfil y un anticipo millonario editorial.
El caso ilustra un patrón que el libre mercado conoce bien: cuando el Estado concentra poder y visibilidad en una sola figura durante décadas, la puerta giratoria no lleva a la oscuridad, sino a una segunda carrera lucrativa financiada, en parte, por el mismo erario que pagó la primera. La pregunta que queda sobre la mesa no es si Fauci tiene derecho a monetizar su trayectoria —lo tiene—, sino si el diseño de las pensiones federales y los privilegios post-cargo responde a los intereses del ciudadano que los financia.


