Las exportaciones colombianas cerraron junio de 2026 en US$4.233,5 millones, un crecimiento de 7% frente al mismo mes de 2025, según el Dane. El titular suena positivo; la letra pequeña, no tanto.
El motor fue el petróleo. El grupo de combustibles y productos de industrias extractivas creció 17,1% y concentró el 42,6% del total exportado —US$1.804,7 millones—. Las ventas de petróleo y derivados avanzaron 17,6%, y las de menas y desechos de metales se dispararon 118,1%. En volumen, Colombia exportó 13,5 millones de barriles, apenas 0,2% más que en junio de 2025.
El oro impulsó el grupo «otros sectores», que creció 40,8%. Las manufacturas aportaron US$909,6 millones con un alza de 2,4%, sostenidas por químicos y artículos manufacturados diversos.
Donde el cuadro se oscurece es en el agro. Las exportaciones agropecuarias cayeron 10,8% hasta US$1.093 millones. Flores retrocedieron 22,7%; café sin tostar, 12,7%; banano y café tostado también registraron descensos. El ferroníquel desplomó 70,1% y los artículos manufacturados clasificados por material bajaron 19,2%.
Estados Unidos sigue siendo el principal destino con 23,3% del total exportado, pero las ventas hacia ese mercado cayeron por menores embarques de petróleo crudo. Panamá (13,4%), Italia (5,5%), Brasil (4,9%), India (4,7%), México (4,4%) y Canadá (3,3%) completaron el ranking.
En el acumulado enero-junio, las exportaciones sumaron US$27.844 millones, un alza de 14,2% frente al mismo periodo de 2025. Los combustibles lideraron con +18,6%; el oro impulsó «otros sectores» a +97,6%. En contraste, las exportaciones agropecuarias bajaron 2,7% y las manufacturas retrocedieron 1,6% en el semestre.
Anif encendió las alarmas. Según el centro de estudios, el sector exportador enfrenta tres presiones simultáneas: endurecimiento de condiciones regulatorias de contratación, apreciación del peso colombiano —que reduce los pesos recibidos por cada dólar de venta— y mayores costos derivados de los nuevos aranceles impuestos por Estados Unidos. Anif advirtió que esa combinación puede afectar la capacidad de inversión de las empresas, comprometer su operación e incluso presionar el empleo, en particular en sectores intensivos en exportaciones como el agro y la industria. El gremio señaló que uno de los principales desafíos para el próximo gobierno será implementar políticas que mitiguen los efectos de la apreciación cambiaria sobre el aparato exportador.
Desde la perspectiva de Ágora Capital, el diagnóstico es claro: cuando el crecimiento exportador depende casi en exclusiva de hidrocarburos y oro, la diversificación productiva sigue siendo una asignatura pendiente. La carga regulatoria que Anif identifica no es un fenómeno externo; es el resultado acumulado de un entorno de negocios que ha encarecido la operación de la empresa privada. El próximo gobierno heredará una canasta exportadora frágil y un sector agro e industrial que pierde márgenes sin que el Estado haya reducido su propio costo sobre la actividad productiva. Capital busca reglas claras, no más burocracia.


