La exconsejera jurídica del Ejecutivo Federal, Esthela Damián Peralta, afirmó durante el foro «Guerrero del Futuro, Sembrando Soberanía» que el impulso al campo y la agroindustria son vías para el desarrollo y la pacificación del estado de Guerrero.
Damián Peralta señaló que durante la gestión del expresidente Andrés Manuel López Obrador y la actual presidenta Claudia Sheinbaum Pardo «sí ha habido inversión e impulso al campo en la entidad». Reconoció, sin embargo, que esos esfuerzos «tal vez no sean todo lo que se espera».
La ex funcionaria federal consideró al campo como «una gran palanca» del proyecto denominado «Guerrero del Futuro», junto con la generación de empleo para jóvenes. Advirtió que ignorar a esa generación equivaldría a «asumir que tenemos generaciones perdidas que hoy están egresando de las universidades y del Instituto Tecnológico, reclamando empleo en sus parcelas, en sus comunidades y en los municipios rurales».
Damián Peralta también sostuvo que el desarrollo de agroindustrias regionales transformaría la producción primaria en bienes con mayor valor agregado, fortaleciendo las economías locales y generando nuevas oportunidades de empleo.
En el plano político, la ex funcionaria coincidió con López Obrador y Sheinbaum en que «en ninguna parte del país cabe ya el corporativismo» y rechazó la práctica de «ver a los campesinos como grupos a los cuales se les entregan dádivas solo para que vayan y voten».
El panel del foro incluyó a especialistas en producción y comercialización de coco, café y mango, así como en agroecología y agregación de valor a productos agrícolas. La gobernadora Evelyn Salgado fue reconocida por Damián Peralta por coordinar esfuerzos con el Gobierno federal y los municipios.
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Desde la perspectiva de Ágora Capital, el diagnóstico es correcto en su lógica básica: la agroindustria genera valor agregado, retiene talento local y puede reducir la dependencia de economías ilegales. El problema es el vehículo. Ocho años de «Humanismo Mexicano» en Guerrero no han producido indicadores de seguridad ni de inversión privada que respalden el optimismo del foro.
Cuando el Estado centraliza el impulso productivo y lo presenta como gesta política, el capital privado —que es el que realmente escala cadenas de valor— recibe una señal ambigua. El campo necesita reglas claras, certeza jurídica sobre la tierra y competencia en los mercados de insumos, no foros donde la narrativa oficial se recicla con nuevos nombres. Guerrero seguirá esperando su futuro mientras la libre empresa no encuentre condiciones para invertir sin tutela burocrática.


