El presidente electo Abelardo De La Espriella todavía no ha nombrado ministro de Minas y Energía, pero el debate sobre el perfil ya está abierto. El representante a la Cámara y senador electo Juan Espinal lanzó este domingo un mensaje directo a quien ocupe ese despacho, y los números que puso sobre la mesa son difíciles de ignorar.
«No llega a administrar un sector. Llega a garantizar la Seguridad Energética de los 52 millones de colombianos; de las 500.000 tiendas de barrio, los 18.000 hospitales, los mineros y el desarrollo económico de las regiones», escribió Espinal.
El legislador, que ha seguido de cerca la crisis energética colombiana, cifró el potencial de una gestión exitosa: reconstruir el sector minero-energético permitiría al país alcanzar hasta el 50 % de sus exportaciones totales, generar entre $20 y $25 billones anuales en regalías y aportar hasta el 7 % del PIB. «Eso significa más inversión, más empleo y más obras para las regiones», concluyó.
La declaración llega en un momento de máxima presión para el sector. Cuatro años de gobierno Petro dejaron un marco regulatorio hostil a la exploración y la inversión privada: contratos frenados, señales adversas a las multinacionales y un discurso de transición energética que no fue acompañado de infraestructura alternativa. El resultado es una seguridad energética comprometida y unas regalías muy por debajo de su potencial.
Espinal no mencionó nombres ni condicionó su apoyo a ningún candidato al cargo, pero el tono del mensaje es inequívoco: el ministerio necesita un perfil técnico con visión de Estado, no un ideólogo de la desinversión.
Desde Ágora Capital, la lectura es sencilla. Colombia tiene reservas, tiene infraestructura y tiene demanda global de sus recursos. Lo que ha faltado es un Estado que deje trabajar al capital privado con reglas claras y contratos respetados. Si De La Espriella aprovecha la ventana que abre su llegada al poder y designa un ministro capaz de restablecer la confianza inversora, los $20 billones en regalías que proyecta Espinal no son fantasía: son el dividendo de volver a la normalidad institucional.
El mercado ya votó cuando eligió a De La Espriella. Ahora espera el nombre que confirme que el giro es real.


