Los números llegaron antes que los discursos. En el Salón Rojo de la Sociedad Rural Argentina, durante la 138.ª Exposición Rural de Palermo, tres sectores expusieron su potencial exportador con cifras concretas y una condición común: reglas estables.
Energía: US$55.000 millones anuales después de 2031
Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, fijó el horizonte con precisión. «Nuestra industria va a generar unos US$55.000 millones de exportaciones por año para la Argentina después del 2031», afirmó. Proyectó además que en una década el país exportará 100 millones de metros cúbicos de gas por día y un millón de barriles de petróleo diarios.
El ejecutivo atribuyó el cambio a tres factores: incentivos correctos de gobiernos nacionales y provinciales, el activo Vaca Muerta y la decisión de las compañías de invertir sin especular. «En YPF dijimos: 'Venimos a trabajar con la industria y no contra la industria'», resumió. El proceso, según Marín, generará unos 40.000 puestos permanentes y un pico cercano a 90.000 empleos directos e indirectos.
Minería: de US$4.500 M a US$25.000 M en una década
Roberto Cacciola, presidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), aportó la otra columna del argumento. Las exportaciones mineras rondaron los US$4.500 millones en 2024; este año superarían los US$9.000 millones; y hacia 2035 podrían superar los US$25.000 millones anuales.
El motor inmediato ya está en marcha: 17 proyectos ingresaron al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) por unos US$40.000 millones, 11 ya fueron aprobados y seis podrían recibir luz verde en los próximos meses. Litio, cobre, plata y eventualmente tierras raras son los activos en juego.
Cacciola fue directo sobre qué evalúa el capital antes de comprometerse: credibilidad institucional, infraestructura, estabilidad fiscal y carga tributaria. «La Argentina está de moda para los inversores extranjeros y está de moda porque se reconoce en el exterior que ha habido un cambio cultural», sostuvo. El diagnóstico es elogioso, pero la advertencia implícita es clara: la moda dura lo que duran las condiciones que la generan.
Agro: evolución tecnológica, participación perdida
Federico Boglione, titular de Los Lazos y La Sibila, completó el panel con una lectura más autocrítica. Reconoció la transformación tecnológica del sector —agricultura de precisión, genética, feedlots, inseminación— pero señaló que mientras las empresas evolucionaron, el país perdió participación frente a competidores como Brasil, que expandió fuertemente su producción de soja, maíz y carne.
La lectura de Ágora Capital
Lo que el coloquio de Palermo puso sobre la mesa no es optimismo: es una ecuación de libre empresa funcionando. Cuando el Estado retira trabas, pone incentivos correctos y permite que el capital privado —nacional y extranjero— asuma el riesgo, los sectores productivos responden con inversión, empleo y divisas. Vaca Muerta no esperó décadas de planificación estatal; respondió al cambio de reglas.
El riesgo real no es geológico ni tecnológico. Es político. Cada uno de los tres panelistas condicionó sus proyecciones a la continuidad de un marco predecible. El capital busca reglas claras, no promesas de campaña. Argentina tiene activos de primer nivel mundial; lo que históricamente ha fallado es el entorno institucional que los rodea. Sostenerlo no es un mérito menor: es la variable que decide si el aluvión de dólares llega o si los proyectos migran a jurisdicciones con menor riesgo regulatorio.


