Los embalses del Sistema Interconectado Nacional (SIN) de Colombia alcanzaron un nivel de almacenamiento superior al 80% al 27 de julio de 2026, el registro más alto del año según datos del operador del mercado eléctrico XM. La capacidad útil de energía del sistema se situó en 17.440,22 gigavatios hora (GWh), con un volumen útil almacenado de 14.067,42 GWh.
El Peñol, en Antioquia, lidera el ranking de embalses por volumen útil de energía y por capacidad energética. Le siguen el agregado de Bogotá y Guavio, en el oriente del país.
El panorama actual es favorable, pero XM no baja la guardia. El operador advierte que, ante condiciones hidrológicas deficitarias similares a las del fenómeno de El Niño de 2015-2016, el SIN requeriría una participación sostenida de plantas térmicas superior a 90 GWh diarios durante toda la temporada seca. En un escenario más extremo —sequías más intensas y prolongadas que las de hace una década— la operación térmica necesaria escalaría a cerca de 100 GWh diarios en promedio semanal, durante periodos que podrían extenderse por más de diez meses.
En ese caso extremo, según XM, el embalse agregado del SIN tendría que descender por debajo de la Curva de Aversión al Riesgo (CAR) y los principales embalses operarían incluso por debajo de sus mínimos históricos. Ello aumentaría la incertidumbre sobre la capacidad de generación hidroeléctrica y sobre la recuperación de reservas si los bajos aportes hídricos se prolongan.
El punto de tensión está en la distribución regional de las lluvias. Mientras la región Oriental registra aportes superiores al promedio histórico e incluso vertimientos, Antioquia —la zona de mayor peso en el almacenamiento nacional— acumula un déficit significativo. Los aportes hídricos del sistema llevan dos meses consecutivos por debajo de la media histórica, tendencia que XM señala como factor de riesgo para los meses de verano y para la recuperación normal de los embalses.
El operador recomienda asegurar la disponibilidad de generación térmica, el cumplimiento de las Obligaciones de Energía Firme (OEF), la gestión de la demanda, el abastecimiento de combustibles y la infraestructura necesaria. También insta a los actores del sector a anticipar las medidas ya definidas y aplicar las lecciones de episodios anteriores de El Niño.
Los números son tranquilizadores hoy, pero el margen de seguridad depende de variables que el Estado colombiano no controla: el clima y la capacidad real del parque térmico para responder. Lo que sí está en manos de la política energética es garantizar contratos de combustibles, infraestructura de transporte y reglas estables para la inversión privada en generación. Un sistema que depende en más de 70% de la hidrología necesita, con urgencia, profundidad térmica y señales de precio que atraigan capital. Sin esas condiciones, el próximo Niño severo no será solo un evento climático: será una prueba que el mercado eléctrico colombiano podría no superar sin racionamiento.


