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Elsztain confirma que retiene cerca del 2% de la Falkland Islands Company tras el veto británico a su oferta de 2017

El empresario argentino explicó que compró acciones de la compañía clave de Malvinas desde 2005/06 y que Londres bloqueó su intento de tomar el control mayoritario una década después.
Imagen generada con IA
lunes 7 de septiembre de 2026

El empresario Eduardo Elsztain salió a explicar públicamente su participación como accionista minoritario en la Falkland Islands Company (FIC), la compañía con mayor peso inmobiliario, agropecuario y hotelero en las Islas Malvinas. Lo hizo después de que una nota de LA NACION reflotara el tema y, según el propio Elsztain, generara "teorías conspirativas y antisemitas" en su contra en redes sociales.

Según su relato, comenzó a comprar acciones de la FIC en 2005/06, inspirado en la idea de que estrechar lazos económicos con las islas podía reforzar el reclamo de soberanía argentino, una estrategia que —dijo— también intentaron Perón y el empresario César Cao Saravia en 1977. Hoy mantiene una participación cercana al 2% de la compañía, adquirida a través del mercado.

El capítulo más relevante llegó en 2017, cuando los propios empleados de FIC lanzaron una oferta para comprar la empresa. Elsztain vio ahí una oportunidad y ofertó por el control mayoritario, amparado en la lógica del mercado de capitales británico: si una empresa recibe una oferta, otra puede ofertar más y quedarse con ella. "Al contrario de la cultura liberal de la bolsa inglesa, la propuesta fue bloqueada y prohibida por las autoridades británicas", afirmó. Añadió que la entonces primera ministra Theresa May se manifestó en contra de que una empresa argentina se hiciera con el control de FIC (hoy FIH Group). El paquete mayoritario terminó en manos de Staunton Holdings Ltd, y la posición de Elsztain quedó reducida a esa tenencia minoritaria del 2% que retiene en la actualidad.

El empresario recordó que el episodio ya había sido cubierto por medios como Clarín y Página 12 en 2017, y lamentó que el tema resurja ahora ligado a señalamientos antisemitas que, según él, "distan tanto de la realidad concreta de los acontecimientos" que le resultan "hasta ridículos". Dijo no ser dado a este tipo de intervenciones públicas, pero consideró que la causa Malvinas amerita una excepción. Cerró con una definición personal: "Valió la pena, aunque haya fracasado. Si pudiera, no dudaría en volver a intentarlo."

El mercado ya votó, y lo hizo dos veces con resultados distintos. La bolsa de Londres, cuna del libre mercado, permitió sin objeciones que Elsztain comprara su participación minoritaria durante más de una década. Pero cuando esa lógica de mercado —ofertar más para tomar el control— amenazó con darle la mayoría a un inversor argentino, fue el poder político británico, no las reglas bursátiles, el que intervino para bloquearlo.

Esa asimetría es el dato que sobrevive al ruido de las redes: un capital privado dispuesto a competir en igualdad de condiciones topó con un veto estatal cuando el resultado no convenía a Londres. Es el mismo patrón que Ágora Capital viene señalando en otras geografías: la propiedad privada y el libre mercado funcionan mientras no incomoden intereses de Estado. Malvinas, además de disputa de soberanía, es también un recordatorio de que ni siquiera la bolsa más liberal del mundo está exenta de reglas de excepción cuando la política decide imponerlas.

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