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El Senado prohíbe a sus miembros operar en mercados de predicción mientras el sector crece sin reglas claras

La cámara alta adoptó una medida que veda a legisladores y asesores participar en plataformas como Kalshi o Polymarket, justo cuando casos documentados de uso de información privilegiada en estas apuestas encendieron las alarmas.
Imagen ilustrativa
sábado 25 de julio de 2026

El Senado de Estados Unidos adoptó una medida que prohíbe a sus miembros y asistentes participar en mercados de predicción, según reportó el corresponsal jefe del Congreso de Fox News, Chad Pergram. La decisión llega en un momento en que plataformas como Kalshi y Polymarket han convertido casi cualquier evento —político, económico o de entretenimiento— en un activo negociable.

Kalshi es un exchange de mercados de predicción con sede en Estados Unidos y regulación federal que permite a sus usuarios operar sobre resultados de eventos del mundo real. Su crecimiento, junto al de Polymarket, ha democratizado el acceso a este tipo de instrumentos, pero también ha abierto una grieta regulatoria que los legisladores ya no pueden ignorar.

Los casos no son hipotéticos. Durante este año, un soldado utilizó información privilegiada para ganar una apuesta sobre el momento exacto de una acción militar en Venezuela. En otro episodio documentado, el operador del teleprónter de la Casa Blanca obtuvo beneficios a partir del conocimiento anticipado de discursos del presidente Donald Trump. Ninguno de los dos encaja en el perfil clásico del insider trader de Wall Street, pero ambos explotaron información no pública para obtener ganancias.

Ese es precisamente el problema que señala el columnista David Marcus: los mercados de predicción expanden de forma exponencial el universo de personas con acceso a información privilegiada. Un mercado sobre quién ganará un reality show como «Big Brother» puede involucrar a miles de personas con datos que el público general desconoce. Un reportero que guarda un scoop dañino para un candidato podría, legalmente, apostar en el mercado de esa elección antes de publicar la nota.

La manipulación también puede fluir en sentido contrario. En contiendas locales o de congreso con bajo volumen de operaciones, una apuesta coordinada puede inflar artificialmente las probabilidades de un candidato y generar la percepción —aunque sea breve— de que está en alza. El efecto es casi el de una donación de campaña encubierta.

Hasta ahora, la trazabilidad del insider trading en mercados financieros tradicionales descansa en décadas de jurisprudencia y supervisión. En los mercados de predicción, ese marco sencillamente no existe.

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Desde Ágora Capital, el diagnóstico es claro: la innovación llegó antes que las reglas, y el Congreso reacciona —como siempre— después del daño. La prohibición para legisladores es un primer paso lógico; los miembros del Congreso que llegan a Washington con poco patrimonio y lo abandonan con fortunas considerables no necesitan otro canal de arbitraje informativo.

Pero el debate de fondo va más allá del conflicto de interés político. Capital busca reglas claras, y los mercados de predicción —con su potencial real para agregar información descentralizada— merecen un marco regulatorio que proteja la integridad del precio sin asfixiar la plataforma. La alternativa es dejar que el escándalo siguiente dicte la norma.

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