El Pentágono bloqueó esta semana la divulgación pública del informe anual del GAO sobre el F-35. El documento, titulado «F-35 Joint Strike Fighter: Update on Production and Modernisation Efforts» y fechado el 25 de junio, recibió la etiqueta de Información No Clasificada Controlada (CUI). Esa designación impidió su distribución general.
La medida es inédita. El GAO ha auditado el programa F-35 cada año desde 2005, cuando el Congreso ordenó las revisiones. Según Jon Ludwigson, director de la oficina de adquisiciones de seguridad nacional del GAO, «este es el primer año en que cualquiera de nuestras revisiones de adquisición fue determinada como CUI» y bloqueada para el público.
El programa F-35 es el más costoso de la historia militar estadounidense. Su valor total asciende a 1,6 billones de dólares. Estados Unidos opera aproximadamente 850 unidades. La tasa de disponibilidad operativa del conjunto de la flota se sitúa en apenas el 44%. La tasa de plena capacidad de misión cayó al 25%, según advirtió el propio GAO a principios de este año.
Solo los legisladores de los cuatro comités de defensa del Congreso recibirán el reporte. No todos los congresistas accederán a la versión completa sin redacciones. La CUI es, por definición, información no clasificada. Sin embargo, su aplicación restringe la distribución a quienes tengan un propósito gubernamental legítimo.
Lindy Kyzer, vicepresidenta de contenidos en ClearanceJobs.com, advirtió que la aplicación inconsistente de la CUI «se ha convertido en una fuente de seria frustración». Señaló que si la designación se usa tan ampliamente que impide la revisión independiente de grandes programas de adquisición, los legisladores deberían preguntarse si el sistema se aplica como fue concebido.
No es la primera vez que el Pentágono restringe reportes del GAO. Durante la administración Biden, el Departamento de Defensa censuró varios informes. Entre ellos, una revisión de 2023 que criticaba el cronograma de construcción de los submarinos balísticos de la clase Columbia. Pero bloquear por completo el informe anual del F-35 no tenía precedente en más de dos décadas.
Irina Tsukerman, presidenta de la firma de evaluación de amenazas Scarab Rising, advirtió que la decisión «elimina el escrutinio independiente del programa de armas más grande y costoso de la historia estadounidense en el momento en que ese escrutinio tiene mayor valor». Según Tsukerman, el avión «ha absorbido décadas de financiamiento mientras repetidamente fallaba en metas de costo, entrega, integración de software, mantenimiento y modernización».
Desde Ágora Capital, el cuadro es claro. El contribuyente estadounidense financia 1,6 billones de dólares en un programa con un 44% de disponibilidad operativa. Ese mismo contribuyente acaba de perder el único mecanismo independiente de rendición de cuentas que existía. La CUI es una herramienta legítima cuando protege inteligencia sensible. Usarla para blindar datos de desempeño de un contratista privado es otra cosa. Capital busca reglas claras; la opacidad burocrática tiene un costo que siempre paga el mismo.


