El Global Supply Chain Pressure Index alcanzó en abril de 2026 su nivel más elevado desde mediados de 2022. Ese dato, incluido en un nuevo informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), resume el estado de las cadenas de suministro globales tras meses de tensión en Medio Oriente.
El organismo advierte que América Latina no queda al margen, pese a que su comercio directo con los países del Golfo es marginal. Las exportaciones regionales hacia esa zona equivalen a aproximadamente el 1,4% del total latinoamericano; las importaciones, a alrededor del 0,7%. La exposición llega por otra vía: la integración en cadenas globales de abastecimiento que dependen de corredores marítimos estratégicos.
El estrecho de Ormuz, nudo crítico
La CEPAL recuerda que por el estrecho de Ormuz transita alrededor del 34% del petróleo crudo mundial transportado por mar, el 29% del gas licuado de petróleo (GLP), el 19% del gas natural licuado (GNL), el 19% de los combustibles refinados, el 50% del azufre marítimo y el 13% de los productos químicos. Muchos de esos insumos son materia prima para fertilizantes.
Ese último punto es crítico para la agricultura regional. Brasil importa cerca del 85% de los fertilizantes que consume. Paraguay registra un déficit comercial en ese rubro equivalente a alrededor del 1,5% de su PIB.
Fletes más caros, rutas más largas
Ante las tensiones en el Mar Rojo, varios buques optaron por rodear África a través del Cabo de Buena Esperanza, una alternativa que puede agregar hasta dos semanas al tránsito entre Asia y el norte de Europa respecto del recorrido habitual por el Canal de Suez. El desvío eleva el consumo de combustible, las primas de seguros y reduce la disponibilidad efectiva de embarcaciones.
El informe señala que las tarifas de transporte en algunos corredores llegaron a aumentar desde alrededor de 2.500 dólares hasta cerca de 3.000 dólares por contenedor FEU, antes de moderarse parcialmente.
Un margen de protección energética
La CEPAL destaca un factor que amortigua el golpe en el frente energético: más del 64% de la generación eléctrica de América Latina y el Caribe proviene de fuentes renovables, una participación significativamente superior al promedio mundial. Eso limita la exposición directa a un eventual shock en los precios del petróleo y el gas.
La lectura de Ágora Capital
Tres shocks en menos de una década —pandemia, guerra en Ucrania, conflicto en Medio Oriente— y el diagnóstico es siempre el mismo: las cadenas de valor globales son frágiles cuando dependen de unos pocos cuellos de botella geográficos. La solución no pasa por más burocracia regional ni por subsidios estatales a la logística, sino por marcos regulatorios predecibles que atraigan inversión privada en infraestructura portuaria, ferroviaria y de almacenamiento.
La competitividad de América Latina en el nuevo mapa del comercio mundial se jugará en la capacidad de sus economías para reducir costos internos y diversificar proveedores sin depender del Estado como operador. Capital busca reglas claras; la incertidumbre logística es, también, un impuesto invisible que pagan los productores y, al final, los consumidores.


