La crisis política en Avenal, California, llegó a un nuevo punto de inflexión el viernes cuando la Junta de Supervisores del condado de Kings aprobó por unanimidad colocar cuatro escaños del Concejo Municipal en la boleta de noviembre. La decisión llegó apenas un día después de que Ricardo Verdugo, el único concejal que sobrevivió la elección de revocación de abril, se autoproclamara alcalde.
Los números hablan solos. Cada una de las cuatro medidas de revocación recibió más del 76% de los votos. El alcalde Álvaro Preciado y los concejales Leticia Gámez, Pablo Hernández y David Reynosa fueron destituidos de forma aplastante por los aproximadamente 13,000 residentes de esta ciudad del centro de California, ubicada unos 60 kilómetros al suroeste de Fresno.
En lugar de ceder el cargo, los cuatro funcionarios revocados votaron para rechazar los resultados electorales y permanecer en sus puestos, argumentando que el condado de Kings carecía de autoridad para administrar la revocación porque la ciudad nunca la autorizó formalmente. La maniobra desencadenó batallas judiciales, reuniones públicas confrontadas y redadas de las fuerzas del orden en el Ayuntamiento, un centro comunitario y varios domicilios vinculados al liderazgo municipal, según documenta la fuente.
Fue el supervisor Richard Valle quien presentó la moción. «Es mi gran honor y privilegio hacer esta moción hoy para poner los cuatro escaños en la boleta y restaurar la justicia, la libertad y la democracia en la ciudad de Avenal», declaró. El presidente de la Junta, Doug Verboon, fue más directo: «No trabajamos para el gobierno; trabajamos para el pueblo, y creo que los cuatro individuos olvidaron para quién trabajan».
Según la consejera legal del condado, Laurie Buelna, el Código Electoral de California, sección 11381, prohíbe a los funcionarios revocados presentarse en la elección especial, interpretación que el condado confirmó con la Secretaría de Estado de California. Verdugo, en tanto, continuará en el cargo de alcalde autoproclamado hasta noviembre, aunque los abogados municipales tienen previsto impugnar la maniobra.
Avenal tiene historia. La ciudad vivió su auge en la década de 1930 tras el descubrimiento de petróleo en la zona; para 1940 contaba con algunas de las mejores escuelas y servicios públicos de California. Ese legado de prosperidad generado por la libre empresa y los recursos naturales contrasta hoy con un aparato político local que prefirió atrincherarse antes que respetar el veredicto de las urnas.
Desde la línea editorial de Ágora Capital, el caso Avenal ilustra un principio elemental: cuando los funcionarios electos deciden que el resultado no les conviene y se niegan a marcharse, no están defendiendo un argumento legal, están socavando el único contrato que justifica su existencia. El contribuyente pagó la elección, emitió su voto con claridad y obtuvo como respuesta meses de litigios, redadas y un autogolpe municipal. Que sea el nivel de gobierno inmediatamente superior —el condado— quien tenga que forzar el retorno al orden habla de cuánto puede costar la inacción institucional. Capital busca reglas claras; sin ellas, no hay inversión, no hay desarrollo y no hay ciudad que pueda reclamar su mejor historia.


