La economía estadounidense perdió 23.000 empleos en julio en términos desestacionalizados, según el Bureau of Labor Statistics, muy por debajo del consenso de Dow Jones que anticipaba una ganancia de 83.000 puestos. La tasa de desempleo bajó un décimo, hasta el 4,1%, pero la tasa de participación laboral cayó a 61,4%, su nivel más bajo en más de cinco años.
Los recortes llegaron de sectores amplios. La educación del gobierno local retrocedió 50.000 puestos, el comercio minorista perdió 19.000 y las actividades financieras, 14.000. La salud —motor habitual de contratación— sumó apenas 22.000 empleos, por debajo de su promedio de 12 meses de 36.000.
Los salarios prácticamente se congelaron: el incremento promedio por hora fue de apenas 2 centavos, lo que llevó el aumento interanual a 3,2%, frente al 3,5% proyectado.
Las revisiones agravan el cuadro. Junio quedó en 20.000 empleos y mayo en 63.000, una reducción combinada de 103.000 respecto a las estimaciones previas. El promedio de 12 meses se sitúa ahora en 34.000 nóminas mensuales. La media móvil de tres meses se ubica en 20.000, una desaceleración significativa.
El empleo federal acumula una caída de aproximadamente 327.000 puestos desde que el presidente Donald Trump asumió el cargo. En julio, el sector público federal perdió 3.000 empleos adicionales. La manufactura ganó 5.000 en el mes, aunque en el conjunto del mandato acumula una pérdida de 62.000 puestos, a pesar de los aranceles destinados a relocalizar producción.
La reacción del mercado fue inmediata. Los futuros del Dow Jones subieron cerca de 200 puntos y los rendimientos del Tesoro se desplomaron: los operadores redujeron la probabilidad de un alza de tasas en septiembre al 44% y la de octubre al 58,3%, según el FedWatch de CME Group.
El dilema para la Reserva Federal es real. El Comité Federal de Mercado Abierto votó 9-3 la semana pasada por mantener tasas. Varios funcionarios habían señalado posibles alzas en septiembre si la inflación no cede, pero con la inflación aún por encima del objetivo del 2% y el empleo contrayéndose, el banco central enfrenta señales contradictorias. «El reporte pone a la Reserva Federal en un dilema, ya que la inflación sigue elevada y rígida», señaló Brent Wilsey, director de inversiones de Wilsey Asset Management, según publicó el New York Post.
Un dato de contexto relevante: el indicador Sahm Rule —que ha señalado el inicio de todas las recesiones de posguerra cuando la media móvil del desempleo sube medio punto sobre su mínimo del año previo— se activó a mediados de 2024, pero no está señalando recesión en este momento. El empleo en la franja de 25 a 54 años se mantuvo cerca de máximos históricos y subió en julio.
La lectura de Ágora Capital. Un mercado laboral que destruye empleo mientras la inflación se resiste a bajar es la peor combinación para la política monetaria: ni alcista ni bajista, sino paralizante. La caída de la participación laboral sugiere que parte del descenso del desempleo refleja salida de la fuerza de trabajo, no creación de riqueza. Para los inversores, la señal es clara: el capital exige visibilidad sobre tasas y costos antes de comprometerse. Mientras el aparato regulatorio y arancelario siga generando incertidumbre en manufactura y construcción, la recuperación del empleo privado seguirá siendo frágil. El mercado ya votó hoy: prefiere una Fed quieta a una economía que crece.


