El mercado laboral chileno acumula cuatro meses consecutivos de destrucción de empleo formal y tres meses seguidos con desempleo por encima del 9%, según datos del INE correspondientes a julio. El diagnóstico del economista Sergio Urzúa, de la Universidad de Maryland e investigador de CLAPES UC, es directo: «con estas reglas, no» hay regreso al pleno empleo.
Urzúa identificó un patrón preocupante en la composición del empleo. «¿Se crea empleo? Sí, poco, pero se crea. ¿Se crea empleo formal? No, el empleo formal viene cayendo en Chile. El empleo informal viene creciendo», señaló en conversación con T13 Radio. La distinción importa: el empleo informal no genera cotizaciones previsionales ni protección social plena, y erosiona la base tributaria.
El académico atribuyó la rigidez del mercado a una acumulación de reformas durante la última década. Citó explícitamente la reducción a las 40 horas, la Ley Karin y el régimen de indemnización por años de servicio como factores que encarecieron la contratación. Sobre la Ley Karin en particular, advirtió que «la institucionalidad legal ha colapsado los tribunales» y que representa «un peso para la Dirección del Trabajo gigantesco».
A ese lastre regulatorio se suma ahora la inteligencia artificial. Urzúa sostuvo que el mercado laboral chileno se ve «afectado doblemente» por el avance de la IA, aunque valoró la puesta en marcha de la megarreforma como un «punto de partida». La solución que propone pasa por la flexibilización y por «generar incentivos para que los trabajadores puedan reinventarse».
El economista también alertó sobre un cambio estructural en la relación entre crecimiento y empleo. En el pasado, un punto de crecimiento del PIB generaba alrededor de 40.000 nuevos puestos de trabajo; hoy, según Urzúa, ese mismo punto crea «bastante menos». Si la elasticidad empleo-crecimiento se ha deteriorado de forma permanente, ni siquiera una recuperación robusta de la actividad garantizaría absorber la fuerza laboral disponible.
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El cuadro que describe Urzúa no es una coyuntura: es el resultado predecible de una agenda regulatoria que encareció cada contrato, multiplicó el riesgo legal del empleador y redujo los incentivos a formalizar. Cuando el Estado convierte la contratación en un pasivo contingente, el capital responde contratando menos o migrando hacia formas de organización que evitan la relación laboral tradicional. La IA acelera esa tendencia, pero no la creó.
La libre empresa necesita reglas predecibles y costos razonables para generar empleo de calidad. Chile tiene hoy lo contrario: tribunales saturados, indemnizaciones abiertas y una carga normativa que crece cada legislatura. Flexibilizar no es desproteger; es reconocer que un trabajador informal no tiene protección real, por más leyes que existan sobre el papel.


