Dos personas que pernoctaban en la vía pública murieron este sábado en la comuna de Santiago en medio del sistema frontal que golpea la Región Metropolitana. El alcalde Mario Desbordes confirmó los decesos y advirtió que las condiciones podrían agravarse durante la noche.
Según detalló la autoridad comunal, uno de los casos se registró en Tucapel Jiménez con Alameda y el segundo en el sector del Mercado Central, en Ismael Valdés Vergara. «Eso fue ahora, hace pocos minutos, y vamos a chequear en la tarde. No puedo descartar que pudiera haber más personas todavía», declaró Desbordes.
El municipio desplegó equipos para recorrer los puntos con mayor concentración de personas en situación de calle e insistir en su traslado a albergues habilitados. Sin embargo, el alcalde reconoció que la respuesta ha sido limitada: «La mayoría no quiere ir a albergues, son muy refractarios en esto». Según relató, el principal logro fue retirar a personas del cauce del río Mapocho antes de que creciera. «Si no, las personas habrían sido arrastradas por el cauce y tendríamos más fallecidos que lamentar», señaló.
Desbordes subrayó que los albergues cuentan con cupo disponible y que la información se publica en la página web y redes sociales de la municipalidad. Pidió a la ciudadanía colaborar orientando a quienes permanezcan en la calle durante la emergencia.
En el plano operativo, el municipio intervino 80 puntos de alcantarillado y 30 cités que registraron inundaciones, atribuidas principalmente al deterioro de sus sistemas de evacuación. El paso bajo nivel Lira, que estuvo anegado durante la noche, volvió a estar operativo. Además, la caída de tres árboles completos y decenas de ramas de gran tamaño afectó el tendido eléctrico, dejando «centenares de inmuebles» sin suministro. El alcalde informó que el municipio mantiene coordinación directa con Enel para avanzar en la reposición del servicio.
Para la noche, Desbordes anticipó «lluvia con baja temperatura» y confirmó que los equipos continuarán con labores de limpieza, revisión de alcantarillado y recorridos en los puntos críticos.
Los números de esta emergencia revelan una fractura que va más allá del clima. La infraestructura de evacuación deteriorada en cités y alcantarillados, la resistencia de una población vulnerable a utilizar los recursos disponibles y la dependencia de una sola empresa para la reposición eléctrica son síntomas de una gestión urbana que acumula déficits estructurales. Cuando el Estado municipal actúa —y en este caso actuó— choca contra décadas de descuido en la infraesortura básica y contra una crisis de habitabilidad que ningún albergue de emergencia resuelve por sí solo. El costo humano ya tiene dos nombres; el costo fiscal y social de no atender el problema de fondo seguirá creciendo.


