El peso colombiano abrió con ventaja este 24 de julio. El dólar inició cotización en $3.195, una baja de $24 frente a la tasa representativa del mercado fijada por la Superfinanciera en $3.219. El precio máximo registrado en los primeros minutos fue de $3.219 y el mínimo de $3.186, con un promedio de $3.209. El volumen negociado alcanzó 178,70 millones, contra un promedio de 654,59 millones.
El contexto global pesa. El índice del dólar —que mide la divisa frente a una cesta de seis monedas— cedió 0,04% hasta las 101,247 unidades, lo que explica parte del alivio cambiario en mercados emergentes como el colombiano.
El telón de fondo es comercial. Según informó la oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), Washington aplicó aranceles de un mínimo del 10% a unos 60 países, en respuesta a investigaciones sobre uso de trabajo forzoso. Los gravámenes pueden escalar hasta 12,5% en algunos casos e impactan economías de peso como China, India y la Unión Europea. Entre los países latinoamericanos mencionados en el rango del 10% figuran Argentina, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Trinidad y Tobago. Colombia no aparece citada en ese listado según la fuente.
La medida cubre a los 60 principales socios comerciales de EE.UU., que representan el 99,4% de las importaciones estadounidenses, precisó el comunicado de la USTR. Los productos ya en tránsito hacia territorio estadounidense quedaron exentos si llegaban a destino antes del 28 de julio.
Esta ronda arancelaria llega por una vía jurídica distinta a la que intentó Washington en febrero, cuando la Corte Suprema dictaminó que los aranceles indiscriminados anteriores eran inconstitucionales, al ser una atribución exclusiva del Congreso. La nueva estrategia apoya los gravámenes en investigaciones previas del USTR, lo que los hace más difíciles de impugnar por los países afectados o por los importadores, según la misma fuente.
Lectura editorial. Para Colombia, la baja del dólar es una señal de alivio puntual, pero el cuadro de fondo exige atención: una guerra comercial que se expande por vía regulatoria presiona cadenas de suministro, encarece insumos importados y eleva el riesgo de inflación importada en toda la región. Capital busca reglas claras, y una arquitectura arancelaria construida sobre investigaciones sectoriales —difícil de anticipar y de contestar— es exactamente el tipo de incertidumbre que desincentiva la inversión productiva. Bogotá debería leer este mapa con cuidado: diversificar destinos de exportación y reducir dependencia de un solo mercado no es opción ideológica, es gestión básica de riesgo país.


