Juan Carlos de Pablo se refirió a la polémica por el oro del Banco Central y la trató como una maniobra de previsión. Dijo que el organismo pagó por protegerse de una caída del precio que no se concretó, y lo comparó con un seguro de auto: «Vos lo contratás pensando que vas a chocar y la empresa te lo da apostando a que no lo vas a hacer».
También cuestionó la lectura contable de ese movimiento. «La contabilidad registra los hechos, no los riesgos que los generaron», afirmó, al sostener que el costo de una cobertura no debería leerse como un error en sí mismo. En esa línea, remarcó que cubrir una posición sobre el oro es comparable con pagar una póliza que finalmente no se usa.
Consultado sobre el impacto de una eventual victoria de Bolsonaro en Brasil, de Pablo descartó que eso vaya a mover de manera automática las decisiones de inversión hacia un lado u otro. Señaló que los recursos «no son fijos» y recordó que un vecino como Brasil, «que es cinco veces más grande», es relevante para la región si no funciona.
Sobre la política económica local, marcó que «no se puede combatir al populismo haciendo más populismo». Puso como ejemplo que una promesa de déficit fiscal para 2027 no cambiaría la percepción de quienes ya desconfían ni la de quienes ya confían, y sostuvo que el equilibrio fiscal debe entenderse como una regla que encauza las negociaciones dentro de un marco.
En otro tramo, dijo que la política económica del Gobierno es «eso y Federico Sturzenegger», y añadió que, por cómo se manejan el ministro de Economía y el presidente del Banco Central, el rumbo aparece «atornilladísimo». También planteó que en política el problema no es equivocarse, sino la velocidad con la que se corrige.
De Pablo se detuvo además en el vínculo entre Luis Caputo y Donald Trump. Recordó que en julio Caputo dijo que Milei sigue siendo amigo de Trump y vinculó ese acercamiento con una estrategia para aprovechar la posibilidad de un superávit comercial.
El economista cerró con una idea central para la coyuntura: el Gobierno enfrenta ahora un ingreso de dólares «fenomenal» por cosechas récord y energía. A su juicio, el punto no es solo celebrar el flujo, sino definir cómo se trabaja con ese superávit comercial.
Los números primero. El mercado ya votó. Capital busca reglas claras.
La lectura que deja de Pablo es simple: cuando entran dólares, el desafío no es el relato sino la asignación. Si el Estado y la política económica administran bien ese flujo, hay margen para capitalización y previsibilidad. Si lo desperdician, el costo vuelve sobre la inversión y sobre el contribuyente.
La señal que importa para el mercado es otra: disciplina fiscal, continuidad en las reglas y menos tentación de improvisar. En esa cancha se define si el superávit comercial se convierte en productividad o en una oportunidad perdida.



