El presidente electo Abelardo de la Espriella anunció la creación de un Comité de Sabios ad honorem encabezado por el empresario textil Arturo Calle. El grupo actuará como «espacio permanente de reflexión y consulta» para enriquecer las decisiones del futuro gobierno, según declaró el propio De la Espriella.
«Voy a conformar un Comité de Sabios ad honorem, encabezado por el gran empresario don Arturo Calle, para analizar los grandes desafíos coyunturales, estratégicos y estructurales de la Nación», afirmó el abogado y mandatario electo.
De la Espriella subrayó que Colombia debe «aprovechar la experiencia de empresarios como Arturo Calle, el conocimiento y la sabiduría que tienen esas personas». El comité fue descrito como un «sanedrín» —referencia al antiguo consejo de sabios israelí formado por 71 personas prominentes— del cual aún se desconoce la nómina completa más allá de Calle.
Antecedentes con resultados sin medir
Colombia ha recurrido a este esquema en dos ocasiones previas. Durante el gobierno de Iván Duque (2018-2022), la Misión Internacional de Sabios reunió a 46 personalidades colombianas y extranjeras, también ad honorem, bajo el liderazgo de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez. El grupo abordó ocho ejes —desde Tecnologías Convergentes e Industrias 4.0 hasta Ciencias de la Vida y la Salud— y al año siguiente entregó una hoja de ruta a la Presidencia, aunque, según la fuente, «no está claro qué tanto de eso implementó el gobierno».
El antecedente más lejano data de 1993, en el mandato de César Gaviria: diez integrantes, entre ellos el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez y el científico Manuel Elkin Patarroyo, con un mandato similar en educación, tecnología y energía sostenible.
Un denominador común atraviesa los tres casos: al ser ad honorem, el gobierno no está obligado contractualmente a incorporar las recomendaciones al plan de desarrollo.
Lo que el mercado necesita saber
La señal política es clara y, en principio, positiva: De la Espriella elige a un empresario —no a un burócrata ni a un ideólogo— para presidir su principal órgano consultivo. Arturo Calle representa décadas de construcción de empresa privada, generación de empleo formal y reinversión de utilidades en el país. Ponerlo al frente del comité es, en el lenguaje del libre mercado, una declaración de intenciones.
El riesgo, documentado por la propia historia colombiana, es que el mecanismo derive en un ejercicio académico sin tracto ejecutivo. Capital busca reglas claras, no informes que duermen en cajones. La diferencia entre este comité y los anteriores dependerá de si De la Espriella tiene la voluntad política de convertir las recomendaciones empresariales en política pública concreta, algo que sus predecesores no lograron demostrar.


