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Cuba proyecta crecer 1% en 2026 mientras su economía acumula una contracción de 11% desde 2020

El régimen reconoce déficit fiscal de 74.500 millones de pesos, apagones, escasez y migración masiva, y apuesta por inversión extranjera en un entorno que él mismo califica de «economía de guerra».
Imagen ilustrativa
lunes 20 de julio de 2026

El dólar cerró este 20 de julio a 24 pesos cubanos al tipo de cambio oficial, sin variación respecto a la jornada anterior. En la última semana el billete verde anotó un alza de 0,13%, y su variación interanual se sitúa en 0,26%. La volatilidad actual del mercado cambiario cubano es de 4,06%, por encima de la referencia de 3,58%, señal de inestabilidad en un sistema que ya de por sí opera con múltiples tipos de cambio.

El trasfondo es más severo que el movimiento diario del tipo de cambio. Entre 2020 y 2024, la economía cubana se contrajo 11%. En 2024 el PIB retrocedió 1,1%, segundo año consecutivo de caída. Para 2026, el Gobierno proyecta un crecimiento del 1%, la misma meta que fijó para el año anterior y que no logró alcanzar.

Según el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, el país operará en un contexto de «economía de guerra», enfrentando amenazas, riesgos y tensiones que podrían intensificarse. La expectativa de recuperación descansa en mejores perspectivas para el turismo y en los servicios médicos de exportación, principal fuente de divisas del régimen.

En materia fiscal, el déficit estimado para 2026 asciende a 74.500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas, cifra similar a la del año anterior. La inflación cerró 2025 en 14,07% y el Gobierno prevé reducirla a 10% en 2026, cinco puntos porcentuales menos, aunque la escasez de productos básicos, los apagones recurrentes y la dolarización creciente complican cualquier proyección.

Las autoridades reconocen la persistencia de problemas estructurales y han prometido un entorno «más dinámico y transparente» para atraer inversión extranjera, con mayores facilidades y garantías. Al mismo tiempo admiten las dificultades financieras actuales y la complejidad del contexto doméstico e internacional.

Desde la perspectiva de Ágora Capital, el cuadro cubano es el manual de lo que ocurre cuando el aparato estatal absorbe toda la actividad económica durante décadas: contracción acumulada, fuga de capital humano vía migración masiva y un tipo de cambio oficial que convive con un mercado negro donde el peso vale una fracción de su cotización formal. La promesa de un entorno «más dinámico y transparente» para inversores suena razonable en el papel, pero el capital busca reglas claras, no declaraciones de intención emitidas desde un modelo que no ha reformado sus fundamentos. Mientras el déficit fiscal supere los 3.100 millones de dólares y el Estado siga fijando precios, racionando divisas y monopolizando sectores, cualquier crecimiento del 1% será más ruido estadístico que recuperación real.

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