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Créditos nuevos en Panamá caen 7% en cinco meses: hipotecas se desploman 19.9% y construcción 24.4%

El Sistema Bancario Nacional desembolsó $10,289.7 millones entre enero y mayo de 2026, $783.6 millones menos que en el mismo período de 2025. Un impuesto del 2% a las transferencias inmobiliarias y un mercado laboral con 47.1% de informalidad pesan sobre la demanda.
Imagen ilustrativa
martes 14 de julio de 2026

Los números del regulador no dejan margen para la interpretación favorable. La Superintendencia de Bancos de Panamá (SBP) reportó que el Sistema Bancario Nacional colocó $10,289.7 millones en créditos nuevos entre enero y mayo de 2026, frente a $11,073.3 millones en el mismo período de 2025: una caída de 7.1% o $783.6 millones.

El sector privado también retrocedió, aunque con menor intensidad. Las colocaciones privadas pasaron de aproximadamente $9,682.9 millones a $9,315 millones, una reducción de 3.8% equivalente a $367.9 millones.

Hipotecas y construcción, los flancos más débiles

Los nuevos préstamos hipotecarios cayeron 19.9%, de $722.7 millones a $578.5 millones. Los desembolsos para construcción se contrajeron 24.4%, hasta $631.5 millones. Agricultura retrocedió 20.6%, hasta $92 millones, y pesca y minas y canteras cedieron 34% y 30.8%, respectivamente.

El gremio constructor Capac y el Consejo Nacional de la Vivienda señalaron directamente al impuesto del 2% sobre transferencias de bienes inmuebles —antes exonerado para unidades nuevas y vigente desde enero de 2026— como uno de los factores que frena el otorgamiento de créditos. Un tributo nuevo que llega en el peor momento posible.

El economista Luis Morán atribuyó el comportamiento moderado del crédito a «una falta de confianza», al rezago de períodos anteriores y a los cambios en el bono solidario y la ley de interés preferencial. Señaló además que «uno de los principales obstáculos para acceder a una vivienda definitivamente está relacionado con el ingreso».

El mercado laboral, fondo del problema

Detrás de la demanda cautelosa hay un mercado laboral que no genera el ingreso estable necesario para asumir compromisos de largo plazo. El desempleo se ubicó en 10.4% y la informalidad laboral alcanzó 47.1%, condiciones que reducen la base de potenciales deudores calificados.

La cartera interna prácticamente no creció: el saldo de préstamos locales al cierre de mayo fue de $64,768.7 millones, apenas 0.18% más que un año antes. El crédito al sector privado cayó 0.02%, mientras que la cartera pública avanzó 5.28%.

Un dato que contrasta: los créditos de consumo personal subieron 16.7%, hasta $1,435.1 millones, impulsados por tarjetas de crédito. Y la industria recibió $1,064.1 millones en préstamos nuevos, un alza de 10.6%.

La SBP descartó que la moderación refleje escasez de recursos bancarios. Los activos líquidos del sistema crecieron 12.41% y la liquidez legal se situó en 60%, el doble del mínimo regulatorio de 30%.

Lectura de la casa

El problema no está en los bancos: está en el entorno que el Estado construyó alrededor del crédito. Un impuesto nuevo sobre transferencias inmobiliarias, un mercado laboral con casi la mitad de la fuerza de trabajo en la informalidad y una demanda hogareña que no puede comprometerse a largo plazo son, en conjunto, el resultado de decisiones de política que encogen el espacio para la libre empresa.

Panamá crece cerca de 4%, según el propio Morán. Pero ese crecimiento no se está traduciendo en financiamiento productivo para vivienda ni para construcción. Capital busca reglas claras: cuando el fisco añade cargas al momento de la transacción inmobiliaria, la señal que recibe el mercado es la de mayor riesgo, no de mayor oportunidad.

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