Cox firmó con el Gobierno de El Salvador un acuerdo para impulsar inversiones estimadas en 2,900 millones de dólares, en una alianza rubricada esta semana entre Nayib Bukele y Enrique Riquelme, presidente ejecutivo de la compañía.
El acuerdo contempla proyectos de almacenamiento energético, generación solar fotovoltaica, gas natural, agua y saneamiento. Según Cox, asumirá la estructuración de la financiación, así como el desarrollo, construcción, operación y mantenimiento de los proyectos en El Salvador, sujetos a las aprobaciones correspondientes y a la formalización de los acuerdos específicos.
Riquelme afirmó tras la firma en la Casa Presidencial salvadoreña que el compromiso de la empresa con El Salvador y con Latinoamérica es «a largo plazo». Añadió que pondrán al servicio del país su experiencia como utility para reforzar el sistema eléctrico, incorporar más fuentes renovables y mejorar el servicio de agua. También dijo que, con la terminal de gas natural, El Salvador se convertirá en «la referencia y el hub energético más importante de la región».
La compañía sostuvo que la apuesta por El Salvador se enmarca en una visión más amplia. Hoy, aproximadamente el 95% de la actividad de Cox se concentra en América Latina, donde impulsa un plan de inversión superior a los 7,000 millones de dólares en proyectos estratégicos.
En México, la empresa adquirió activos de generación a Iberdrola por 4,000 millones de dólares a inicios de año y ganó un concurso público para encargarse de la construcción de la primera fase de la desaladora de Rosarito, una obra del Gobierno federal que aspira a convertirse en la mayor de América Latina para agua apta para el consumo humano.
La expansión también llega a Guatemala, donde desarrolla uno de los mayores parques solares del país y se adjudicó un proyecto de generación y almacenamiento mediante baterías. En Colombia, Cox reforzó su presencia con nuevos contratos de suministro energético de largo plazo. En Panamá, se adjudicó un contrato de suministro eólico a 20 años a través del proyecto Santa Cruz Wind, y allí instaló su sede regional para las Américas.
El movimiento financiero acompaña esa expansión. Cox destacó una reciente colocación de 800 millones de dólares de capital híbrido en Estados Unidos, operación que, según Nacho Moreno, CEO y consejero ejecutivo de Cox Infrastructure Group, amplía su base inversora y refuerza el reconocimiento de la empresa como operador internacional de infraestructuras críticas.
Los números primero. El dato central es simple: el capital se está moviendo hacia proyectos de infraestructura con horizonte largo, financiación compleja y retorno regulado. En esa lógica, América Latina aparece como una región donde la demanda de energía y agua todavía ofrece espacio para inversión privada de gran escala.
Capital busca reglas claras. Cuando una empresa compromete miles de millones en generación, almacenamiento, gas, agua y saneamiento, la señal no es solo industrial: también es institucional. La inversión necesita previsibilidad, y eso beneficia a los países que ofrezcan seguridad jurídica, aprobaciones ágiles y capacidad de ejecutar obras que el aparato estatal por sí solo suele postergar.



