El Concejo Municipal de Corte Madera, en el condado de Marin, votó 3-2 el martes para avanzar una ordenanza que prohibiría la venta, distribución o entrega de productos de tabaco y nicotina en todo el pueblo. La lista cubierta es extensa: cigarrillos, puros, tabaco de mascar, cigarrillos electrónicos, vapes, tabaco calentado y bolsas de nicotina como Zyn.
Los números primero. Jose, de 47 años y gerente de Colonial Liquors, dijo que el tabaco representa aproximadamente el 40% de las ventas de su tienda y que, de aprobarse la prohibición, «tal vez tengamos que cerrar el negocio». Lleva 25 años trabajando allí y advirtió que la medida podría forzar recortes de horas al personal.
Un trabajador de una gasolinera local indicó que las ventas de cigarrillos generan entre 3.000 y 5.000 dólares cada dos semanas. En otro comercio que vende alcohol y tabaco, un empleado señaló que se venden puros a unos 10 clientes por día en promedio. Para estos comercios, la pérdida no se limita a una categoría de producto: los clientes que entran por cigarrillos suelen comprar también bebidas y snacks.
Jose cuestionó por qué Corte Madera debe asumir sola el costo económico cuando las localidades vecinas siguen permitiendo la venta: «Pueden ir dos cuadras y comprarlo en otro lado. Eso realmente afecta al negocio», dijo, y anticipó que los clientes simplemente conducirán fuera del pueblo para abastecerse.
Corte Madera es una comunidad acomodada de unos 10.000 residentes, con un ingreso familiar promedio de 232.763 dólares, según la Oficina del Censo de EE.UU. Si la ordenanza se adopta finalmente, los comercios tendrían un período de gracia para vender su inventario existente hasta el 31 de enero de 2027. Los residentes conservarían el derecho a poseer y usar estos productos; solo se prohíbe la venta.
La concejal Pat Ravasio, quien votó a favor, sostuvo que los gobiernos locales deben actuar porque, a su juicio, las autoridades federales y estatales no han enfrentado el problema adecuadamente: «Si algo es adictivo y mortal, no tenemos obligación de respaldar su venta en nuestro pueblo», afirmó. Según relató, entre 50 y 75 jóvenes se manifestaron a favor de la prohibición total durante el proceso de consulta de un año.
El concejal James Andrews, quien votó en contra, calificó la propuesta de injusta tanto para consumidores como para pequeños comercios. «Estos pequeños negocios familiares ya operan con márgenes ajustados y capital limitado en un entorno de negocios fuertemente regulado», dijo. Andrews agregó que cuatro de los seis comercios afectados son propiedad de inmigrantes o hijos de inmigrantes, y advirtió que dañar esos negocios podría golpear de manera desproporcionada a trabajadores y propietarios de minorías.
El voto del martes no vuelve oficial la prohibición: la medida regresará al concejo en una futura sesión para su adopción final. De aprobarse, Corte Madera se sumaría a otras localidades de California, como Beverly Hills y Manhattan Beach, que ya prohíben a los comercios vender tabaco y nicotina aunque el consumo personal siga siendo legal.
El caso resume una contradicción que el mercado no perdona: un concejo puede votar la salud pública, pero no vota los costos. Seis negocios con márgenes ajustados —varios de ellos de familias inmigrantes— absorben el riesgo mientras la demanda simplemente cruza la frontera municipal hacia el pueblo de al lado. Prohibir no elimina el consumo; solo desplaza el ingreso, el empleo y el capital fuera de Corte Madera.
El mercado ya votó con los pies de los propios consumidores, según advierten los comerciantes: cuando la regulación golpea a una sola localidad y no a la región, el capital y el cliente simplemente se mudan dos cuadras más allá, dejando la factura del activismo regulatorio en manos de quien menos puede pagarla.


