La Cámara Venezolano-Americana de Comercio e Industria (Venamcham) recibió en su sede de Caracas a una delegación del Congreso de los Estados Unidos encabezada por el congresista Brian Mast, integrante del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes (HFAC).
La comitiva incluyó a los representantes por Florida Randy Fine y Kat Cammack, y al representante por Illinois Jonathan Jackson. John M. Barrett, encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos, también participó en el encuentro.
El objetivo central fue evaluar vías para la reinserción de la economía venezolana en los mercados internacionales, la atracción de inversiones y el fortalecimiento de las garantías para el sector privado. Las mesas de trabajo se concentraron en mecanismos para ofrecer seguridad jurídica, transparencia y competitividad.
«En Venamcham mantenemos intacto nuestro propósito originario: fomentar y fortalecer las relaciones económicas entre Venezuela y Estados Unidos, promoviendo un ambiente de negocios sostenible que defienda la libre empresa», declaró Amaru Liendo, presidente de la institución.
El equipo asesor del comité parlamentario —integrado por Jaclyn Neuman, Cole Ireland, John Tucci, Matt McLaughlin y Emma Bruce— también formó parte de las conversaciones, consolidando al sector privado como interlocutor de diplomacia comercial entre ambas naciones.
Venamcham agrupa a más de 600 empresas afiliadas nacionales y multinacionales, con 75 años de trayectoria que la institución describe como apolítica e independiente.
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La señal que emite este encuentro es nítida: el capital busca reglas claras antes de comprometerse, y la presencia de legisladores del HFAC en Caracas indica que Washington evalúa activamente las condiciones del entorno venezolano. Seguridad jurídica, transparencia y competitividad no son consignas vacías; son los tres filtros que cualquier flujo de inversión extranjera aplica antes de asignar riesgo país.
Para Venezuela, el reto inmediato es traducir el diálogo en instituciones creíbles y marcos contractuales que protejan la propiedad privada. Sin esos cimientos, el encuentro queda como diplomacia comercial simbólica. Con ellos, podría marcar el inicio de una reinserción real en los mercados internacionales.


