El representante Dusty Johnson, republicano por Dakota del Sur, lanzó una advertencia directa sobre China. Lo hizo en una entrevista con Fox News Digital durante Freedom Fest en Las Vegas. Su diagnóstico fue sin rodeos: «Básicamente estamos sonámbulos en esta competencia».
Johnson lleva cuatro períodos en el Congreso. En ese tiempo se consolidó como una voz de referencia en política agrícola, relaciones con China y responsabilidad fiscal. Su argumento central es simple y contundente. Cada día, dice, los líderes chinos se levantan pensando cómo superar a América. Mientras tanto, Washington gasta energía en conflictos internos.
«Los líderes de China se levantan cada día e intentan descubrir cómo vencer a América, cómo desestabilizar nuestro país, cómo obtener ventaja», afirmó Johnson. «Y nosotros, francamente, pasamos más tiempo peleando entre nosotros que pensando en cómo competir con el Partido Comunista Chino».
El congresista fue líder del Republican Main Street Caucus. Ese grupo agrupa a republicanos de centro-derecha enfocados en gobernanza pragmática. Johnson construyó su carrera intentando romper el bloqueo legislativo de Washington. Hoy reconoce que ese camino se complica.
«Es un momento difícil para ser normal», señaló. Observa que las voces más estridentes dominan cada vez más la conversación nacional. Lo ve en ambos partidos. Citó las primarias de Nueva York, donde candidatos que describió como «socialistas demócratas radicales» derrotaron a demócratas más moderados.
«La participación en primarias casi nunca es alta», explicó. «Quienes votan buscan pureza, no progreso. Cuando intentas nadar contra la corriente con un mensaje de matices, eso no funciona tan bien como simplemente decir: vamos a pelear».
Johnson no se postulará a la reelección en la Cámara. Compite en la primaria republicana para gobernador de Dakota del Sur. Su salida del Congreso llega en un momento en que el debate sobre China gana urgencia en Washington.
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Desde Ágora Capital, el mensaje de Johnson merece atención más allá de la retórica electoral. Capital busca reglas claras. Y las reglas del siglo XXI las está redactando, en parte, Beijing. Cada año de parálisis legislativa en Washington es un año que el aparato estatal chino aprovecha para ganar posiciones en tecnología, infraestructura y cadenas de suministro globales.
El problema no es solo de seguridad nacional. Es de productividad, de flujo de inversión y de riesgo país para los socios comerciales de Estados Unidos. Un Congreso atrapado en guerras culturales internas no legisla sobre semiconductores, no protege propiedad intelectual y no genera los incentivos que la libre empresa necesita para competir. El mercado ya votó: las empresas diversifican cadenas de suministro porque no confían en que Washington ofrezca certeza. Esa es la factura real del sonambulismo.


