Confecciones La Montaña era presentada como uno de los mayores símbolos de la reincorporación económica derivada del Acuerdo de Paz de 2016. Sus 24 socios fundadores acaban de decidir liquidarla.
La cooperativa nació de la antigua sastrería del Frente 36 de las FARC y transformó ese conocimiento en una empresa que confeccionaba morrales, bolsos, riñoneras y prendas para el mercado civil. Durante años fue exhibida como prueba de que la reincorporación podía funcionar.
Las causas del cierre
Andrés Mauricio Zuluaga Rivera, conocido como Martín Batalla, vocero de los fundadores, rechazó que el desenlace se explique solo por dificultades financieras. Según él, el problema de fondo fue el incumplimiento de compromisos del Acuerdo: acceso a tierras, vivienda y acompañamiento institucional efectivo.
«Los retos de La Montaña han tenido que ver con incumplimientos a la implementación del acuerdo de paz. Estos proyectos no solamente funcionan porque tengan condiciones de sostenibilidad económica, sino porque hay unas condiciones alrededor de la implementación que permiten que avancen», declaró Batalla a El Colombiano.
A esos vacíos se sumó la violencia. Batalla relató que el proyecto sufrió «asesinatos de socios, desplazamiento de socios y amenazas a socios». Muchos de los excombatientes abandonaron el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de La Plancha, en Anorí, y se dispersaron por el país. La salida progresiva de fundadores dejó la operación en manos de un número reducido de asociados, lo que derivó en conflictos administrativos internos.
Batalla afirmó que los socios solicitaron mediación institucional ante esas dificultades, pero que la respuesta fue que «eso ya era una cuestión interna». Sin apoyo, los 24 fundadores votaron la liquidación. La maquinaria, las telas y los activos restantes serán repartidos entre los asociados.
La polémica política
Tras el anuncio, Batalla cuestionó que organizaciones vinculadas al proceso de paz aseguraran públicamente que La Montaña «seguirá funcionando como si nada hubiera ocurrido». El vocero acusó al proyecto de haber sido «instrumentalizado» políticamente y exigió transparencia con clientes y sociedad. La marca permanece registrada a nombre de la cooperativa, por lo que podría activarse una segunda etapa, pero los fundadores insisten en que eso no altera la decisión ya adoptada.
Negocios que sí sobreviven
El cierre de La Montaña no agota el balance. Según la misma fuente, a casi diez años de la firma del acuerdo el panorama es «desigual»: algunos proyectos productivos lograron mantenerse y son citados como ejemplos de reconciliación, mientras otros no resistieron el paso del tiempo.
---
El caso de Confecciones La Montaña ilustra una lección que el mercado conoce bien: los proyectos productivos no se sostienen con narrativa política ni con subsidios intermitentes. Se sostienen con reglas claras, derechos de propiedad, seguridad física y acceso a mercados competitivos. Cuando el Estado promete esas condiciones y no las entrega, el capital —humano o financiero— migra o desaparece.
Bajo el gobierno Petro, que ha hecho de la paz total su bandera, el cierre de uno de los emblemas del proceso de reincorporación es un dato incómodo. La pregunta que queda abierta no es si el Acuerdo fue bueno o malo en sus intenciones, sino si el aparato estatal tiene capacidad —o voluntad— de cumplir los compromisos que firma. Los 24 socios de La Montaña ya tienen su respuesta.


