El exsenador y exprecandidato presidencial David Luna encendió las alarmas esta semana con un diagnóstico directo: Colombia invierte apenas el 0,3% del PIB en investigación y desarrollo, frente al 2,7% promedio de la OCDE. La brecha no es nueva, pero el contexto la vuelve urgente.
El detonante fue el reporte de que una empresa estatal china comenzó a producir máquinas de litografía DUV, tecnología clave para fabricar semiconductores, sorteando así las restricciones impuestas por Occidente. La noticia sacudió los mercados: Samsung Electronics retrocedió un 12%, Kioxia cayó un 18% y TSMC cedió cerca de un 3% en bolsa, según el diario económico La República.
«La carrera tecnológica global no se gana prohibiendo al rival: se gana innovando más rápido», escribió Luna en su cuenta de X, dirigiendo el mensaje directamente al gobierno entrante de Abelardo de la Espriella.
El exsenador no llegó con las manos vacías. Impulsó la Ley de Fomento a la Industria Electrónica y de Semiconductores, que ya superó su trámite en el Congreso y aguarda únicamente la firma presidencial para entrar en vigor. Según Luna, la norma busca establecer garantías normativas y tributarias para atraer inversión extranjera, formar talento especializado e insertar a Colombia en la cadena global de valor tecnológico.
«Esta iniciativa reconoce al sector como estratégico para nuestra soberanía tecnológica, promueve la creación de empresas, la formación de talento, la investigación y la atracción de inversión», explicó el excongresista.
El contexto macroeconómico añade presión. El pronunciamiento de Luna coincide con reportes de estancamiento del PIB nacional y con un entorno global en que el alza de tasas de interés y el costo de financiar centros de datos están golpeando la rentabilidad de las grandes firmas tecnológicas. Para una economía como la colombiana, que aún no produce sus propios insumos digitales, la volatilidad externa se traduce en dependencia directa: cuando los chips suben, Colombia paga más sin poder reaccionar.
«No podemos resignarnos a ser únicamente consumidores de tecnología. Necesitamos talento en IA, centros de datos soberanos y una industria electrónica y de semiconductores propia. De lo contrario, la tecnología del futuro seguirá diseñándose en otros países y nosotros continuaremos pagando por usarla», advirtió Luna.
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Desde Ágora Capital, la lectura es simple: capital busca reglas claras, y una ley que ofrece garantías tributarias y marco normativo estable es exactamente el tipo de señal que atrae inversión productiva. El nuevo gobierno de De la Espriella tiene sobre la mesa una herramienta legislativa lista para firmar; la pregunta es si la administración entrante entiende que la soberanía tecnológica no se construye con discursos estatistas sino con incentivos reales al sector privado y a la inversión extranjera directa.
El mercado ya votó: las caídas bursátiles en Asia son un recordatorio de que la cadena de valor tecnológica se redistribuye a velocidad acelerada. Los países que no legislen a tiempo para atraer ese flujo no lo perderán gradualmente; lo perderán de golpe.


